Interesados en tenernos vivos y contentos, por lo menos hasta los próximos comicios, los políticos en campaña suelen regalar cosas a los ciudadanos; algunas útiles, otras no tanto. Y más allá de que la costumbre guste o no, que unos sectores la identifiquen con “populismo” y otros con “beneficio social”, es practicada de cualquier modo y con cargo al dinero público: el nuestro, pues. Próximamente, por ejemplo, hasta veloces cuentas de correo promete “darnos” el titular del GDF, Marcelo Ebrard, además de los almuerzos y enseres escolares; becas para jóvenes, madres solteras, ancianos y deportistas; conciertos, ofrendas de muertos, bailes de 15 años, uso de bicicletas y pistas de hielo, agua fresca, gorritas, plumas, dulces, condones... Visto lo anterior, parece curioso que aún exista un rubro social en el que la clase política ha optado por no meterse, quizá por el temor de ser vista (ya tangiblemente) como parvada de mal agüero: otorgar “becas” funerarias; ergo: entierro o cremación (al gusto) a costa del erario. Un beneficio que caería como perlas a tantas familias que un mal día “enfrentan ese momento en que el ser querido parte hacia la trascendencia”. Ay… porque basta con acercarse a los precios de una de esas agencias, para imaginar que un benefactor decidiera adelantarnos el pago de la cuenta: ataúd base —(caja de pino sin adornos, herrajes o acolchonado), 6 mil 500 pesos; cremación (necesita, igualmente, ataúd), 3 mil 500. Dos mil del embalsamado, 4 mil 500 por capilla, dos mil por el transporte, 850 del café. ¿Un lote en la periferia? Desde 75 mil del águila. Proponer que el gobierno se encargue de nuestras pompas fúnebres podrá parecer una locura, con todo y que, ciertamente, no pocos fallecidos pudieran responsabilizar a la propia autoridad del desenlace: el esmog, la falta de un puente peatonal, la ambulancia atrapada en el embotellamiento que genera una obra inconclusa, un bombazo, etcétera. Finalmente, en tiempos de ocurrencias legislativas, cuando ya una fracción de diputados ha solicitado que el Sector Salud costee las operaciones de… cambio de sexo, una mejor idea pudiera considerarse. Cada mexicano nacería así no sólo con “una torta bajo el brazo”, sino también con su respectiva “pompa”. amilcarsalazar@yahoo.com |