La bolsa se ha hundido, pero eso no es muy importante para la mayoría de la población. El peso se ha devaluado, y eso sí es importante, pero más por los recuerdos de las devaluaciones del pasado, que iban acompañadas de muy serios problemas económicos, que por su impacto directo. Hasta el momento, no hay todavía un repunte inflacionario profundo (sí hay presiones inflacionarias, desde antes, y ahora hay alzas, pero todavía no generalizadas), ni hay una contracción económica aún, o pérdida de empleos. Todo esto va a ocurrir, pero de manera mucho menor a lo que vimos en 1982 o 1994, y lo veremos en unas semanas más. En las devaluaciones bruscas del pasado, el golpe era prácticamente inmediato, como usted recordará si tiene la edad suficiente. Pero si no lo recuerda, entonces puede verlo hoy en los países de Europa del Este, a los que la crisis los agarró con los dedos en la puerta, es decir, con un déficit en cuenta corriente inmenso, que hoy no pueden financiar. Ya Ucrania acordó un paquete de rescate con el FMI por 16 mil 500 millones de dólares, y Hungría está negociando algo mayor. Pero los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) están todavía peor, aunque son pequeños. En la zona, sólo la República Checa está razonablemente bien. Islandia, como usted sabe, ya ha quebrado. Su sistema financiero entró en crisis, pero el gobierno no pudo rescatarlo, porque no tiene recursos en esa magnitud. Puesto que los bancos islandeses recibían depósitos de Inglaterra, el dinero que tenían superaba el que existía en Islandia. Al quebrar, al gobierno no le alcanza, y está esperando un crédito, que primero había ofrecido Rusia, pero que ahora parece que lo otorgará el FMI. En total, el FMI tendrá que apoyar a un par de decenas de países en Europa (no descarte usted a España como posible receptor de ayuda, por cierto). En América Latina, hasta el momento, nadie ha solicitado respaldo, pero no sé cómo le van a hacer Argentina, Bolivia, Ecuador, Cuba, Nicaragua, Venezuela, para sobrevivir a una contracción mundial que mantendrá bajos los precios de las materias primas que exportaban, y de las que vivían. Para unos será un poco más difícil que para otros, pero en todos los casos la situación para 2009 será muy grave. Tal vez con eso podamos aquilatar la posición en que nos encontramos. Sin duda vamos a tener problemas, pero nada comparable con los países ya mencionados. Un puñado de naciones latinoamericanas que hemos hecho algo bien, como nosotros, Chile, Brasil, Colombia, Uruguay, podremos aguantar, con incrementos en inflación y desempleo, pero sin una crisis profunda. Claro, si lo más grave de la crisis financiera termina, como hemos dicho en otras ocasiones, entre el 4 y el 15 de noviembre, es decir, entre la elección del nuevo presidente de Estados Unidos y la cumbre mundial. Mientras eso ocurre, aprovecho lo que queda de espacio para corregir los espantosos errores cometidos el jueves pasado al explicar el asunto del Amero. Un buen número de lectores, a quienes agradezco mucho, puntualizaron dos errores. Uno, aritmético y terrible, es que al calcular la cantidad de oro necesaria para acuñar 800 mil millones de dólares en oro, le decía que serían necesarias poco más de 45 millones de toneladas, pero eso es un error: se trata de 45 millones de kilos, es decir 45 mil toneladas. Esta cantidad es menor a las 160 mil toneladas de oro producidas en los últimos dos siglos, y por lo tanto podría existir. Sin embargo, supera por bastante la cantidad de oro que guardan los bancos centrales de todo el mundo. Las reservas totales en oro oscilan entre 30 y 36 mil toneladas (por cierto, si busca en internet tenga cuidado, hay muchas estadísticas que dicen “reservas en oro” pero se refieren a reservas internacionales, es necesario buscar bien). Estados Unidos, el país con más reservas en oro, mantiene más de 8 mil toneladas desde los años setenta, pero poco más. Es decir que ni usando todo el oro que tienen los bancos centrales de todo el mundo podrían hacerse las monedas mencionadas. Un error aritmético inexcusable, pero que no destruye por completo el argumento que le presentaba el jueves pasado. Sin embargo, otro grupo de lectores me indica que las dichosas monedas no serían de oro, sino sólo monedas. Bueno, en este caso el video no tienen ningún sentido. Si la nueva moneda, el amero, tendrá como base lo mismo que las monedas actuales, es decir, la confianza, entonces no tendría lógica desaparecer el dólar. El dinero moderno, también llamado fiduciario, tiene valor porque creemos en él, es decir, en el gobierno que lo emite. Si un gobierno repudia su moneda y crea otra, nadie le va a creer, y por lo tanto la nueva moneda no tendrá ningún valor. Reitero: lo del video del Amero y la desaparición del dólar es una tontería suprema, como muchas otras que circulan en internet. Pero los seres humanos aborrecemos la incertidumbre, y queremos creer en algo. Y la lógica no es nuestro fuerte. Y luego los columnistas hacen mal los cálculos, pues peor… Haré doble esfuerzo porque esto no se repita. |