En ambos lugares, la causa próxima es la burbuja inmobiliaria, que no nada más afectó al país vecino, sino que alcanzó niveles de locura en Inglaterra y España. La causa detrás es un exceso de gasto de la población en esos países, que en Estados Unidos se reflejaba en un déficit de cuenta corriente de más de 6% del PIB, pero que en España llegó hasta los dos dígitos. Una vez iniciada la caída de precios de los bienes raíces, hace dos años, empezaron las faltas de pago de las hipotecas, que hace un año se convirtieron en un problema por primera vez. Sin embargo, es hasta mediados de este año cuando eso se convierte en un problema de pagos en el sistema financiero, porque las instituciones que habían ofrecido pagar cuando los deudores no lo hicieran vieron multiplicadas sus obligaciones, y no pudieron enfrentarlas. Ésa es la crisis de los credit default swaps (CDS) que hace unas semanas le comenté aquí mismo. Esa crisis es la que inicia con la caída de Bear Stearns, y llega a su clímax en el fin de semana del 13 y 14 de septiembre, cuando Lehman Brothers enfrenta una situación similar (si bien más grande) y el gobierno de Estados Unidos decide no hacerse cargo. La quiebra de Lehman pone a todo el sistema en problemas, empezando por AIG en ese mismo fin de semana, pero siguiendo por todas las instituciones financieras no bancarias en Estados Unidos, y en el resto del mundo. Ésta es la crisis que inicia su quinta semana. Como puede usted ver, se trata de fenómenos diferentes, todos encadenados, pero que exigen diferentes interpretaciones. Hay una burbuja inmobiliaria y después una crisis de hipotecas; luego viene una crisis de pago alrededor de los CDS, pero lo que todo mundo ha visto, la crisis del 15 de septiembre en adelante, es ya una crisis de crédito, es decir, de confianza, a través de todo el sistema. Ésa es la razón por la cual la caída sólo se detuvo cuando apareció un liderazgo que restaurara un poco esa confianza perdida. El liderazgo no podía venir de Estados Unidos, en donde el presidente es rechazado por cuatro de cada cinco ciudadanos, ni de su secretario del Tesoro, que dio inicio a la crisis y propuso un plan de rescate absurdo (muy diferente del que finalmente se aprobó, aunque la cantidad sea la misma, 700 mil millones de dólares). Tampoco pudo venir de la Unión Europea (UE), que se reunió en el primer fin de semana de octubre para señalar a Estados Unidos como el causante de la crisis, sin ver las tremendas vigas que traían encima. Pero el 8 de octubre, Gordon Brown, el primer ministro británico ofreció un paquete de rescate más serio (construido con pedacitos de todas partes, como bien dice The Economist esta semana), al que se sumó la UE el fin de semana siguiente y nos ha permitido una semana de tranquilidad, todo lo relativa que quiera. Esta crisis de confianza no ha terminado, ni mucho menos, pero la idea de Brown ha sido de gran utilidad para evitar que la espiral descendente continuara. Sin embargo, es necesario que sea Estados Unidos el que recupere el liderazgo, por el tamaño de su economía y la dependencia de que de ella tienen los países con más crecimiento en el mundo, como China. Si Estados Unidos no muestra una dirección clara, y razonablemente buena, entonces el mundo entero seguirá en la incertidumbre, y poco a poco entrará en pánico. Y es que no existe la posibilidad de que funcione la economía global sin crédito. Y los ignorantes que creen que esta crisis nada más le cuesta a los ricos, no tienen la menor idea de lo que dicen. Estados Unidos no estará en capacidad de tomar la estafeta sino hasta después del 4 de noviembre, cuando decidan quién será presidente de esa nación. Pero incluso entonces, habrá que actuar de manera muy diferente a lo normal. Tradicionalmente, el presidente electo no decide nada sino hasta que toma posesión, el 20 de enero, pero no creo que esperar 45 días en las condiciones actuales sea una buena idea. Es muy probable que el ganador de la elección en Estados Unidos sea el senador Barack Obama, y sería muy bueno que, inmediatamente, señalara a quien será responsable del Tesoro. Hay insinuaciones de que se trataría de Warren Buffet, el mago de Omaha, lo que sin duda sería una señal muy apreciada por los financieros de todo el mundo. Pero lo importante es que, con toda la celeridad posible, se estableciese el rumbo que tomará la economía más grande del mundo. Porque el problema, le reitero, es de confianza, y no hay sociedad humana que sobreviva a eso. Un buen ejemplo es la nuestra, que ya prácticamente hemos destruido, precisamente por nuestra incapacidad para generar confianza. Así que habrá volatilidad e incertidumbre, hasta el 4 de noviembre, o hasta el 20 de enero. Ni modo. |