L as millonarias ganancias que genera el narcotráfico le dan una capacidad ilimitada para adquirir armamento y desafiar al Estado. Esta es una de las explicaciones por las que la estrategia de Felipe Calderón para combatirlo ha hecho del Ejército el eje de ataque. Si no fuera por el Ejército no tendríamos en este momento una fuerza capaz de confrontar el poder armado que los cárteles de la droga han mostrado abiertamente. Pero el Ejército se ha convertido, al mismo tiempo, en la universidad de los matones del narcotráfico. Los comandos que garantizan la seguridad de los grandes capos y sus ilícitos negocios, son dirigidos por militares desertores, muchos de ellos de élite, muy bien entrenados en el Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales. Sin poner en entredicho la lealtad que inculca el Ejército a sus miembros, la lógica de quienes desertan es muy simple: se pasan al bando que combatían corrompidos por el dinero, atraídos por ganancias infinitamente mayores a las que obtienen en el Ejército. Datos de la Sedena en poder de esta columna revelan que en el transcurso de los gobiernos federales del PAN, es decir, entre el 1 de diciembre de 2000 y el 31 de agosto pasado, han desertado 126 mil 898 militares. El mayor número, 115 mil 95, soldados rasos, 8 mil 506 cabos, mil 757 sargentos segundos, 283 sargentos primeros, 661 subtenientes, 462 tenientes, 52 capitanes segundos, 40 capitanes primeros, 32 mayores y 10 tenientes coroneles. Estos últimos son los de mayor rango, pues la Sedena informa que en el lapso contabilizado no hay desertores coroneles, generales brigadieres, generales de brigada o generales de división. De los ocho años evaluados, 2005 ha sido el de mayores deserciones con 20 mil 224, seguido por 2004 con 18 mil 267 y 2006 con 16 mil 405. En lo que va de 2008 se tienen registradas siete mil 236 deserciones. La Sedena respondió a este reportero que las causas de las deserciones son diversas y que no tiene información específica de cuántos de los desertores se desempeñaban en la élite militar de los GAFES. Resulta creíble que no todos los desertores trabajen ahora para los capos del narco. No es descabellado, sin embargo, que no lo hagan un buen número de ellos. Y la razón es fundamentalmente económica, pues a pesar del aumento salarial que Calderón ordenó desde 2006, un teniente coronel tiene percepciones brutas mensuales por 55 mil 482 pesos, un mayor 42 mil 132, un capitán primero 35 mil 386, un capitán segundo 31 mil 710, un teniente 16 mil 765, un subteniente 13 mil 186, un sargento primero 7 mil 799, un sargento segundo siete mil 466, un cabo 6 mil 648 y un soldado raso 6 mil 174. ¿Se imagina de cuánto serán los cañonazos de dinero que les dispara el narcotráfico? Instantáneas 1. REFORMA PETROLERA. Sigue atorada por el tema de los contratos aunque es probable que entre hoy y mañana se logre un acuerdo unánime para modernizar Pemex sin privatizarla. De ser así, no tardará en escucharse a Calderón y al PAN enfatizar que esto se logró por su flexibilidad política o al PRI señalar que fue producto de su nacionalismo. Ambos harán todo lo que esté a su alcance para regatearle méritos al movimiento en defensa del petróleo y a su líder López Obrador. Ellos fueron los que impidieron que los hidrocarburos se entregaran a intereses privados nacionales y extranjeros en abierta violación a la Constitución. 2. EL REGRESO. La Asociación Mundial de Mexicanos en el Exterior, con sede en Los Ángeles, estima que alrededor de 500 mil paisanos han regresado al país al quedarse sin empleo en EU por la crisis. Estima que otros 600 mil lo harán en el último cuatrimestre del año. 3. CASO BRAD WILL. La CNDH dará a conocer hoy las pruebas periciales que la llevaron a concluir que el camarógrafo de EU asesinado el 26 de octubre de 2006 en Oaxaca, cayó por tiros disparados a más de 30 metros de distancia. Su hipótesis se contrapone a la de la PGR, que aseguró el viernes que Will fue tiroteado a dos metros de distancia por militantes de la APPO. (rrodriguezangular@hotmuail.com) |