En reunión con un reducido grupo de periodistas financieros, el presidente Felipe Calderón reconoció ayer que no sólo avala el uso de 9 mil millones de dólares de reservas del Banco de México para frenar la especulación en el sector cambiario la semana pasada, sino que no dudará en volver a utilizarlas, porque —dijo— precisamente para eso son las reservas. Para el jefe del Ejecutivo lo principal es combatir el pesimismo generalizado y generar confianza y credibilidad en la toma de decisiones de inversión, porque está convencido de que la economía mexicana tiene fortaleza para salir delante de esta crisis. De buen humor y ya casi recuperado de la fractura de su brazo izquierdo, el presidente Calderón está convencido de que la clave para enfrentar la crisis financiera y la recesión en Estados Unidos es reactivar la economía interna, y por esto, en lugar de frenar el gasto con las menores metas de crecimiento e ingresos para 2009, se decidió reformar el esquema de inversión de Petróleos Mexicanos para eliminar los Pidiregas y convertirlos en deuda de Pemex, lo que permite por vez única liberar 78 mil millones de pesos. El nuevo programa para impulsar el crecimiento y el empleo se basa en un mayor gasto público en infraestructura y en sentido, explicó que dos medidas básicas que permitirán que a partir de enero se ejerza el presupuesto en forma rápida son que se eliminará la necesidad de que los proyectos ejecutivos tengan que ser licitados, ya que se podrán asignar en forma directa; y se elimina también la restricción de que las empresas que elaboran los proyectos ejecutivos no podrían participar en las licitaciones. Lo que sucedía es que las grandes constructoras, que son también las que tienen la mayor experiencia, no participan en la elaboración de los proyectos ejecutivos de las obras para participar en las licitaciones de la construcción. Otras medidas importantes son los incrementos a los programas de Servicio Nacional de Empleo y Fondo Pyme; la agilización del programa de compras de gobierno; el fortalecimiento de la banca de desarrollo y que disminuyeron los requerimientos de capital de Nacional Financiera, Bancomext y Banobras, no sólo para canalizar hasta 50 mil millones de pesos en créditos a las pymes, sino también en apoyo del refinanciamiento de las líneas de papel comercial. MERCADO DE DERIVADOS, AL NIÑO AHOGADO... Un tema obligado en la reunión con el presidente Calderón fue evidentemente el ataque especulativo en contra del peso, y las operaciones de derivados que realizaron no sólo algunas de las principales empresas inscritas en Bolsa y que ha tenido que informar al público sobre sus pérdidas registradas la semana pasada, sino también grandes empresas que no son emisoras y que también jugaron a la ruleta rusa no sólo con futuros y derivados con el tipo de cambio sino también con las tasas de interés. Trascendió ya que directivos de todos los bancos se reunieron con Alejandro Werner, subsecretario de Hacienda, este fin de semana para analizar las operaciones de derivados y detectar si podrían registrarse nuevos ataques especulativos como el de la semana pasada, lo que al parecer está descartado. Lo que sorprendió fueron las declaraciones del secretario de Hacienda, Agustín Carstens, al culpar a un grupo de empresarios —sin mencionar nombres— de la devaluación del peso que a muchos les recordaron al ex presidente José López Portillo antes de nacionalizar la banca, y que de inmediato generaron una ola de críticas hacia el sector privado en general. El problema con este tipo de acusaciones de Carstens es que las operaciones de derivados no están prohibidas en México y por lo tanto no puede ejercerse ningún tipo de acción ni en contra de Comercial Mexicana, que sin lugar a dudas es la que más perdió, al grado de estar en concurso mercantil, ni en contra de Gruma, que ayer reportó en forma tardía pérdidas por 684 millones de dólares por sus operaciones; ni tampoco en contra de Vitro, Saltillo, Cemex, Posadas, que han reportado pérdidas por derivados. Lo que tendrá que hacer la Secretaría de Hacienda es modificar las reglas para que bancos y emisoras reporten no sólo sus operaciones de derivados, sino su grado de riesgo. El absurdo es que ahora se pretende satanizar a los derivados que en sí son operaciones de cobertura, pero que se malutilizaron como mecanismo de especulación y lo que se debe entender es que los empresarios que más perdieron fueron los que apostaron al superpeso y no a una devaluación. Lo increíble es que incluso empresarios conservadores se dejaron llevar por la especulación, como el caso de Roberto González Barrera, presidente de Gruma, quien logró sortear la crisis bancaria del 95 y hoy está severamente afectado. |