La Unión Europea decidió sumarse a la propuesta de Gordon Brown, primer ministro inglés, que ha sido la más completa hasta el momento, como bien dice el nuevo premio Nobel, Paul Krugman, en estas páginas. Permítame felicitarme por el otorgamiento del premio a este economista, y por un momento déjeme disfrutar que es colega en estas páginas. Es lo más cerca que estaré de un Nobel, así que vale la pena aprovecharlo. A diferencia del paquete estadounidense, la propuesta de Inglaterra no sólo incluye la compra de malos créditos, sino la inyección de nuevos recursos al sistema para evitar una congestión del crédito, que es el verdadero problema. Al no poder cobrar algunas deudas de instituciones muy conocidas y tradicionalmente seguras, todo mundo perdió la confianza en los demás. Si a esto le suma la falta de liderazgo en Estados Unidos, la crisis cambió de ser originalmente de crédito a ser de confianza, o específicamente al interior del sistema financiero, de liquidez. Al no tener confianza en activos, lo único creíble es el efectivo. Por eso es tan importante que la Unión Europea haya respaldado a Brown y haya establecido una línea sobre la cual Estados Unidos no tiene más remedio que acomodarse. Ya no puede seguir insistiendo el señor Paulson en que no es necesario meter dinero directo a los bancos, y van a tener que comprar parte del capital de esas instituciones. O si lo quiere más claro, tendrán que nacionalizar parte de la banca, y eso es lo que no quieren aceptar los funcionarios del gobierno de Bush. Ahí, creo, efectivamente existe ese pensamiento rígido que solemos asociar con el neoliberalismo. Pero ese pensamiento ha fallado continuamente, no sólo ahora: fue el mismo que fracasó a inicios de los 80 en la primera presidencia de Reagan, por ejemplo. Sin embargo, para muchos críticos del capitalismo, no hay diferencias entre lo que piensa Paulson, Gordon, o los millares de personas que se dedican a este tema. Y al meter a todos en la misma bolsa, sus críticas se vuelven huecas. Por eso hay que tener mucho cuidado con qué medidas son realmente extremas y cuáles son razonables. No vaya a ser que pasemos ahora a un comercio cerrado, o a una regulación excesiva, y salga peor la solución. Pero regresemos a las estimaciones muy gruesas que hemos propuesto para el año próximo, y que sigue pareciendo muy pesimista para muchos. Según nuestros números, la caída en la actividad industrial de Estados Unidos para 2009 promediará 5%, poco más, poco menos. Esto parece una caída muy grande comparado con lo que nos gustaría, pero no contra lo que ha pasado en otros momentos. En 2001, por ejemplo, la caída fue de 3.4%, que no es tan diferente, y no se trató de una crisis tan profunda en el sistema financiero. De hecho, cuando el ataque a las torres gemelas, la recesión ya iba a la mitad del camino, y la reducción de tasas de interés permitió que se tocara fondo en noviembre. Para quienes quieren comparar con la Gran Depresión, la caída de la actividad industrial en aquella ocasión fue de 47% en tres años, de julio de 1929 a julio de 1932, un promedio anual de 22%. Por eso se llama Gran Depresión, pero en los siguientes cuatro años creció 20%, recuperando el nivel previo. Mucho antes de la II Guerra Mundial, por cierto, para los que insisten que las guerras son las que resuelven economías. Esta columna sigue pensando que la crisis más parecida es la de 1973-1975, producto de la caída del sistema de Bretton Woods y el alza de precio del petróleo. También en esa ocasión hubo un problema de liderazgo (Nixon renunció, y el vicepresidente ya había sido removido por corrupto). De noviembre de 1973 a marzo de 1975 la caída fue de 8.8%, a la que siguió una recuperación más o menos del mismo ritmo, que llevó a la industria al nivel previo a la caída para marzo de 1977, dos años después. No se me ocurre cómo podríamos tener una Gran Depresión, porque exigiría una dosis de estupidez demasiado grande. Sí es posible una contracción como la de los años 70, porque muchas características del entorno son parecidas, pero las cifras que usamos como referencia, incompletas e inciertas como son, apuntan a una contracción menor. Cómo es que esta estimación suena extrema para muchos, no lo sé. En cualquier caso, en esta semana veremos el comportamiento de la industria de Estados Unidos, y tendremos más claridad de qué tanto se redujo la presión en los mercados crediticios. Con eso, podremos ir afinando los números. |