S i a nuestro uniformado jefe de policía, Manuel Mondragón y Kalb, le hubiera tocado una utópica guardia activa el pasado 2 de octubre, liderando al grupo de granaderos que mal cuidó la marcha de homenaje a los caídos del 68, difícilmente se habría quedado quieto; es decir, puesto en calidad de bulto o de globo de feria; para que un puñado de sociópatas —perfectamente bien ubicados por cámaras y personal de avanzada— se divirtiera de lo lindo tupiéndoles con piedras, palos, ramas, troncos de árbol, tapas de coladera, petardos y luminosas ráfagas de pintura en aerosol o de fuego. Técnico luchador que fue durante sus años mozos, el titular de la SSP-DF, quien aún ostenta el indicativo de “gladiador”, bien podría haber puesto en paz él solito a los 17 vándalos que quisieron lucirse en el Zócalo, movidos quizá no sólo por su tonto interés de ser fotografiados en acción por los medios, sino porque resultaba evidente que los pobres polis, además de estar atados por la orden de “aguantar y aguantar”, no podían hacer demasiado al no operar ninguna estrategia de control seguro de masas. Curioso caso el anterior, toda vez que este domingo, con motivo del partido del América contra los Pumas en el Estadio Olímpico; los hombres de azul operaron un eficiente sistema de vallas, escudos y mecanismos de radio con el que, normalmente, han venido evitando que las porras de los equipos —no pocas de estas menos agrestes o armados de pólvora que los arriba citados— lleguen siquiera a mirarse a los ojos. En el reporte sobre dicho partido (1467/08), la SSP-DF da la pauta de las cosas que, técnicamente, hay qué hacer bien para que un espectáculo de masas —lo son también nuestras inefables marchas, ¿o no?— culmine con “saldo blanco”: “Se contó con asistencia de 48 mil espectadores, fueron aprehendidas 36 personas… dos quedaron a disposición del MP… el personal de vialidad realizó labores para que el tránsito vehicular se viera lo menos afectado posible… Con el fin de impedir enfrentamientos, los grupos de animación fueron escoltados… “Antes del encuentro, se detectaron las concentraciones de aficionados que se acercaban al recinto, para colocarles vigilancia y evitar que incurrieran en actos vandálicos… Al concluir el encuentro, la porra del América abandonó el estadio sin ningún roce con los seguidores de los Pumas, ya se que dispuso de 70 autobuses RTP para llevarlos al estadio, donde se dispersaron…” (amilcarsalazar@yahoo.com) |