Esto está pasando con la actual crisis financiera que invadió a Estados Unidos y al mundo occidental del otro lado del Atlántico. Esta crisis es la más importante que personalmente haya visto durante mi larga vida desde 1929, cuando Wall Street se encontró envuelto en el conocido Crash Bursátil, que culminó con la pérdida de cientos de miles de dólares de los inversionistas involucrados. Lo acontecido ayer y hoy tiene algún punto de coincidencia, lo que me ha animado a conversar con ustedes sobre los dos fenómenos financieros por el interés que tienen, en particular el actual, que en algún momento podría afectar a nosotros. Me puse a buscar en mi biblioteca literatura de 1929 con el fin de refrescar ideas y, entre artículos de ese entonces, encontré el libro de JK Galbrait, una breve reseña del cual vamos a comentar con usted. La crisis actual se ha desarrollado en un clima financiero diferente del de 1929; en el contexto de la globalización, de la teoría friedmaniana del libre mercado y con a la mano una serie de productos financieros altamente sofisticados creados en los últimos 30 años, productos que, empleados según los fines para los cuales había sido creado debían de ser —como fueron— de gran utilidad, pero han resultado funestos en un régimen de relajamiento de controles por parte de las autoridades de control confiados en que las fuerzas del mercado generadas por éste hubiera sido suficiente para componer situaciones adversas, lo que no ocurrió. Dice Galbrait: “Sería interesante saber si existe la posibilidad de un nuevo 1929” y con un tanto de fantasía literaria, al preguntarse las causas de esta situación devastadora para Wall Street, habla de un eventual deus ex maquina probablemente escondido en el número 23 de la Street, pero también del boom hipotecario de Florida que, con euforia, invadió a autoridades y a especuladores creyendo, todos, vivir en sus cabales en un momento en el cual la sensatez hablaba otro idioma. Un año antes de que explotara la burbuja de la racha alcista de Wall Street, se había notado algún movimiento no natural en los valores bursátiles, pero se siguió hasta el jueves 23 de octubre de 1929 se le recuerda como el “jueves negro”; día en el cual terminó la fiesta bursátil y cientos de miles de estadounidenses vieron sus riquezas pulverizadas o casi, originando también casos de muerte. En ese año terminó su periodo presidencial Calvin Coolidge —republicano— y los platos rotos tuvo que recomponerlos otro presidente también republicano, Clark Hoover (1929-1933). ¿Qué ocurrió hoy? En lugar de la burbuja bursátil, se creó la “burbuja hipotecaria”, al concederse hipotecas a usuarios de escasa solvencia (hipotecas subprime o de alto riesgo) considerando facilidades bancarias existentes en el mercado y la “euforia para ese tipo de operaciones no tuvo límite prácticamente, creándose el boom hipotecario que, en combinación con un producto financiero en vigor útil según reglas bien establecidas, como se mencionó, originó efectos contrarios; el producto transforma activos financieros de baja liquidez en otros comerciales en el mercado bursátil; así a través de Wall Street se logró contaminar a las bolsas del mencionado mundo occidental y a partir del momento en el cual los beneficiados por los créditos hipotecarios, no pagaron lo establecido, se originó una “reacción en cadena de los no pagadores” y el “castillo de naipes” se desplomó inevitablemente. Hoy Fannie Mae, Freddy Mac, AIG el gran asegurador mundial y otras grandes instituciones financieras en bancarrota son solamente parte de esa triste historial; miles de billones de dólares se han esfumado en relativamente corto tiempo. Uno se pregunta, ¿qué las autoridades supervisoras de ese país no se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo desde hace algún tiempo?, y a su vez, ¿no operaron las reglas de Basilea II sugeridas hace más de un año y aceptadas por los grandes bancos, los involucrados en la crisis? Wall Street y el sistema financiero estadounidense necesitan una reestructuración sobre bases más sólidas y con una real supervisión de las autoridades financieras de ese país. Una coincidencia fortuita: en 1929 la crisis se desarrollo durante un gobierno republicano, hay durante ocho años, de un gobierno del mismo color; al que seguirá dentro de cuatro meses y las elecciones tendrán lugar en la primera semana de noviembre, le tocará la gran tarea de reconstruir el ajedrez de las finanzas de ese país y el rescate del cual se habla, operará como una gran aspirina solamente; el proceso tomará tiempo. Mencionaré que el último número de la revista The Economist informa sobre las primeras “pecas” de la crisis: el Federal Bureau de Investigación tiene bajo su lupa unas 26 casos de fraude potencial, relacionado con el colapso de Wall Street. Al estilo de Galbrait habría que preguntarse: ¿en el 23 de la Street se escondió algún otro deus ex maquina cuya identidad quedará sin descubrirse por algún tiempo? Y usted, ¿qué opina? |