José Guadalupe Coriche Bolaños —policía con 23 años de servicio en la SSP-DF, ningún antecedente negativo, cuatro veces premiado por valor y perseverancia— siempre tuvo claro que su carrera podía ser truncada por la mano de un delincuente, pero nunca imaginó verse caminando a medias, sólo gracias a unas muletas, y siendo tratado como trapo viejo por la corporación a la que dio la mitad de su vida. Su única esperanza: que el titular de la policía capitalina, Manuel Mondragón y Kalb; o bien el procurador, Miguel Ángel Mancera se enteren de su caso y, en circunstancias favorables, ordenen que se le brinde de manera adecuada el apoyo social y jurídico que —opina— “debe darse al policía que cae en desgracia”. Y es que a José Guadalupe los problemas se le han venido encima, como bola de nieve, y no parecen cejar. Su pesadilla inició el pasado 9 de abril, cuando viajando en su motopatrulla 55-57 en la colonia Leyes de Reforma, en Iztapalapa, fue atropellado por una camioneta materialista sin placas y que para salir de una rampa se echaba en reversa. Un accidente suscitado frente a testigos, el cual no sólo derivó en el aterrizaje de un helicóptero Cóndor, para llevar a Coriche a una clínica, sino en la detención del conductor responsable, un tal Juventino Carrillo, quien totalmente ileso —a su vehículo sólo se le rompió la calavera izquierda— había intentado darse a la fuga. Pero gran sorpresa se llevó el lesionado policía —fractura de cadera y esguince cervical, fue el diagnóstico—, cuando al salir del periodo de hospitalización, un mes después, supo que en la Fiscalía en Iztapalapa de la PGJDF, cuarta agencia del MP, no sólo había liberado sin cargos al cafre, sino que los abogados de la empresa constructora habían… reescrito toda la historia. Ahora resultaba —así se lo hizo saber en tono más que déspota el agente del MP, Arturo Álvarez Díaz— que Coriche era el “responsable”. Los cargos: dejarse atropellar adrede (“a lo mejor para sacar indemnización”), romper la calavera, y —el colmo— ¡indemnizar al chofer!, al “provocarle, por el susto, un mal cardiaco”. Y aún faltaba el insólito: atendiendo de manera automática la presunta “culpabilidad” de Coriche —sin conocerlo y/o solicitarle siquiera su versión de los hechos— el apoderado legal de la SSP-DF, Aldo Abraham Ramírez Veloz, pretende también cobrarle la moto golpeada, unidad que desde luego debería estar asegurada. Sin abogados que lo defiendan, sin dinero para terminar la quincena y sin ninguna certeza de su propia salud, a José Guadalupe sólo lo arropa su mujer y tres hijos muy solidarios; jóvenes que hoy se estrujan las manos sin saber qué otras volteretas les tendrá reservado el destino. amilcarsalazar@yahoo.com |