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México D.F., a 30 de septiembre de 2008 | 9:25 AM

Juan María Alponte
México y el mundo
30 de septiembre de 2008
Ante un mundo nuevo sin ideas nuevas


(Primera parte)

Un doble epitafio. En los billetes estadounidenses aparece una frase heráldica: In God we trust, es decir, Confiamos en Dios. La asimilación del dinero a Dios plantea serios problemas.

Benedicto XVI, teólogo conservador, ha condenado la economía como dinero. Antes, en 1215, Tommaso di Chobham en su famosa Somma dei confessori (texto para los confesores) condenaba que el dinero produjera intereses. Todo interés, para Chobham, suponía usura y ésta era furtum, robo. Añadía que el banquero, si lo obtiene, comete una rapinam, rapiña. Chobham no sabía cómo terminarían los bancos estadounidenses en el siglo XXI. Siglo donde el furtum, la usuram y la rapinam serían institucionalizados en términos de codicia irresponsable y turpe lucrum. Elegante definición lo del torpe lucro que, según Chobham, era un pecado contro natura… Esa imagen se desplazó siglos después hacia ciertas manifestaciones de la sexualidad. Para Chobham significaba la ruptura entre el giusto prezzo y el giusto salario. Los banqueros que han generado la mayor quiebra de la historia, todos ellos han salido por la puerta de atrás con indemnizaciones de decenas de millones. El “rescate” también los alcanza. Pobre Chobham.

Chobham repetía a Tomás de Aquino que acuñó una frase que dedico al más incompetente, y por tanto, al más responsable de la crisis actual, es decir, el ex presidente de la Federal Reserve de EU: Greenspan. La frase es deslumbrante: Nummus non parit nummos, El dinero no produce dinero. El dinero, en suma, es la expresión de la producción humana y el sistema financiero, quebrado, olvidó esa proposición que Marx tuvo muy presente. El usurero, el banquero en términos modernos, es, de acuerdo con Chobham, un ladro particular, un ladrón particular, porque, por un lado, turbam rem publicam, perturba el orden público, y por el otro, porque roba a Dios. Hoy hemos superado esa presunción medieval. En suma, el interés adecuado y los banqueros, integrados en el interés general son necesarios para el desarrollo, es decir, hablamos del interés debidamente regulado por el sistema impositivo del Estado. En suma, el lema de los billetes estadounidenses ha sido enterrado, para siempre, por sus banqueros.

Por cierto, en la Grecia clásica, los banqueros nacieron del intercambio de mercancías en los puertos. Un patricio poderoso colocaba una mesa (trapeza) en un muelle y un esclavo inteligente comerciaba y traficaba. El patricio no quería “mancharse las manos”. A los de la trapeza se les denominó (así dice un texto heleno) trapedseistas y de ahí surgió, etimológicamente, la palabra trapecistas. Los banqueros estadounidenses han realizado su trapecismo sin paracaídas y el mundo ha temblado.

Decía, en el inicio, que hemos vivido un doble epitafio. El primero ya está citado. El primero es el epitafio para el In God we trust. El segundo ha sido el entierro de Adam Smith y su teoría general sobre la riqueza de las naciones. El famoso profesor de Moral en la Universidad de Glasgow asumió, en 1776, que el liberalismo económico (ha quedado en pie, sin entierro, su visión racional de la división del trabajo) transportaba consigo tres posibilidades: primo, que el egoísmo individual termina coincidiendo con los intereses colectivos; secondo, que el Estado no tiene que inmiscuirse en la economía y, tertio, que una invisible hand, que una “mano invisible” resuelve sin regulación las contradicciones del mercado. La gigantesca catástrofe de septiembre de 2008 ha enterrado esas tres hipótesis y, ello, sin más, plantea inmensas interrogaciones a escala porque si es verdad que el dinero no produce dinero (Nummus non parit nummos) los 700 mil millones de dólares que ha lanzado Bush al mercado no reviven ni a Adam Smith ni el lema de los billetes estadounidenses. Un nuevo mundo —sin ideas— está ante nosotros.

  Acerca del autor
email:juan.alponte@eluniversal.com.mx alponte@prodigy.net.mx

Profesor titular de la FCPyS de la UNAM, escritor y periodista. Ha colaborado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha escrito 37 libros, entre los que destacan Retrato de una Familia Babélica; las biografías de Colón y Lenin; Historias en la Tierra y Los Liberadores de la Conciencia.

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