La tormenta financiera ha cobrado varias víctimas, en particular los dueños de inmuebles cuyas propiedades han perdido valor y en casos no pueden pagar sus hipotecas, los empleados despedidos, los fondos y las personas que adquirieron instrumentos que respaldan esas hipotecas, los accionistas de las instituciones afectadas y en general quienes tienen dinero invertido en la bolsa de valores cuyos índices cayeron de manera precipitosa. La crisis de las hipotecas o del subprime (tasa por debajo de la del mercado para los acreedores poco confiables) tiene su origen en una política de crédito barato y abundante originada durante la administración de Alan Greenspan al frente de la Fed. Esa política estimuló la especulación de los bancos que explotaron la oferta de liquidez ofreciendo hipotecas en condiciones que no eran estrictamente de mercado a personas sin capacidad de pagarlas. Esas hipotecas de baja calidad eran vendidas en los mercados internacionales en forma de “derivados apalancados”, multiplicando varias veces el riesgo. Al caer los precios del los inmuebles a partir del 2006 y ser evidente la incapacidad de ciertos deudores de refinanciar y mantener sus hipotecas al corriente, esos instrumentos pierdan valor y por estar apalancados multiplican varias veces las pérdidas que finalmente los bancos y sus tenedores tienen que reconocer. Para tener una idea de los daños más recientes de esa tormenta, desaparecen dos importantes bancos de inversión: Bearn Sterns y Lehman Brothers. Merryl Lynch deja de ser independiente al fusionarse con Bank of America y en los últimos 12 meses han quebrado mas de 90 bancos regionales en Estados Unidos y en Europa. Además, se nacionalizan Fannie y Freddie Mae, agencias cuasi públicas que aseguran hipotecas con el respaldo del gobierno. También, la enorme aseguradora AIG recibe un crédito puente del Estado por mas de 80 mil millones de dólares para dar tiempo de vender de manera ordenada sus “derivados” y hacer frente a sus compromisos y garantías. Ese crédito tiene entre sus condiciones la destitución del Consejo y los altos directivos de la citada aseguradora. La semana pasada termina con el anuncio de la creación de una institución pública que se hará cargo de todos los activos hipotecarios en problemas, para venderlos al mejor precio posible una vez que las condiciones lo permitan. Esa solución es parecida al famoso Fobaproa, establecido por el presidente Zedillo para rescatar también al sistema financiero. Es interesante notar que esa medida del gobierno de Bush tiene un apoyo bipartidista, no obstante estar muy cerca de las elecciones, lo que indica la gravedad del problema financiero y la necesidad de encontrar medidas rápidas para resolverlo. Se calcula que el costo de ese rescate será de 700 mil millones de dólares. La reconstrucción de Wall Street está en plena marcha y la nueva arquitectura que surgirá de los escombros aún no está definida. Por ello, son obsoletas las guías como la multieditada The Wall Street Journal Guide to Understanding Money & Investing, que ha vendido más de un millón de ejemplares y libros clásicos, como The Random Walk Down Wall Street, que va por su novena edición. Además de nuevas guías saldrán numerosos libros describiendo esta nueva burbuja como ocurrió con la famosa de internet en el año 2000. Hace unos días aparece un primer libro, The Subprime Solution, del destacado autor Robert Shiller, que como especialista en detectar burbujas anticipaba desde hace dos años una crisis como la que estamos viviendo. Con claridad explica el origen de los problemas y sus ramificaciones. Adelanta y respalda acciones como las que ha tomado el gobierno para salvar y posteriormente reconstruir los mercados. Habla de la necesidad de un marco institucional transparente para recuperar la confianza y restablecer el mercado de hipotecas y el financiamiento, para que éste siga siendo un motor de crecimiento. No hay duda que el secretario del Tesoro, Henry Paulson; el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, y los bancos centrales han manejado con gran destreza una tormenta económica sin precedentes, y aunque habrá que esperar un tiempo para evaluar los resultados de sus acciones, hay que reconocerles el mérito de adoptar acciones pertinentes, asumiendo un posición de liderazgo en el contexto de pánico y parálisis que fustiga a los mercados financieros. IIRobert J. Shiller ‘The Subprime Solution?’. How Today´s Global Financial Crisis Happened, and What to Do about It. Princeton University Press, septiembre de 2008 |