Además de agua caliente, jabón y toallas dizque limpias, el hotel Necaxa, situado en el vórtice del obvio, constante e impune negocio de la explotación femenina en el barrio de La Merced (Circunvalación y Carretones, delegación Venustiano Carranza) continúa ofreciendo a sus clientes (“sólo adultos”) una garantía hasta hoy no explicada: “Este hotel está protegido por (la Comisión de) Derechos Humanos (del Distrito Federal): 5578-2631”. Así lo denunció esta columna de El Gráfico el pasado 9 de septiembre, información que al siguiente día trajo una carta de la CDHDF, deslindándose la entidad del gran rótulo fabricado en madera, letras negras con fondo amarillo, que dicho hotel presume sobre su angosta puerta —contigua a la boca-tianguis de la estación Merced del Metro—. “Le comento que hemos tomado cartas en el asunto e incluso, si fuera el caso, dar parte a la autoridad competente para evitar este tipo de irregularidades”, comunica la CDHDF, al tiempo que aclara: “El que algún vival se haya aprovechado de poner una manta con un teléfono de la institución, no significa que nosotros avalemos de ninguna manera esa ilícita actitud”. Y uno reconoce que… sí, ha de ser certera la presunción del “vival”, toda vez que ningún dato o respuesta accede a proporcionar la administración del Necaxa, donde el personal no sólo dice ignorar los motivos por los que el dueño ha puesto su letrero, como tampoco saber de un eventual reclamo por parte de la CDHDF o de otra autoridad del gobierno del Distrito Federal. Lo cierto es que el tal Necaxa podría pasar por hotel de… dos estrellas comparado con, por ejemplo, otro que se encuentra casi enfrente y que —como muchos de los casi 70, entre legales y clandestinos, que posee la zona— no llega siquiera a tener un nombre, en Circunvalación 611. Un siniestro galerón con 11 ventanas que desde un primer piso se inclinan hacia la acera, misma que puede verse ahora mismo tapizada de maduras, jóvenes y… ¿niñas? —todas ellas, como ya se dijo también, bien “custodiadas” por elementos de las UPC´s Mixcalco y Aeropuerto de la Secretaría de Seguridad Pública del DF—. El peatón se retira, no sin pensar que la CDHDF ha hecho bien en calificar a este antiguo oficio como “una forma de esclavitud en contra de los derechos de las mujeres” —así lo asienta en su Informe Especial Sobre Explotación Sexual Comercial Infantil (ESCI) en el DF 2006—; sin embargo, resulta una pena suponer que, dos años después de impreso, distribuido y bien promovido el informe, ninguna autoridad responsable parezca haberlo leído. amilcarsalazar@yahoo.com |