La medicina ve igual a hombres y mujeres, pero los fármacos no siempre responden igual en los organismos de unos y otras. En este escenario, las doctoras Wendy Rogers y Angela Ballantyne, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Flinders Adelaida (Australia), tratan de responder a una inquietante interrogante: ¿La investigación médica trata adecuadamente las necesidades de la salud femenina? Mayo Clinic Proceedings recoge el tema y apunta que las cardiólogas australianas dicen que el modelo tradicional de investigación médica prescindía del sexo y/o raza de los sujetos, suponía que “los resultados de la investigación realizada en hombres blancos fácilmente podía extrapolarse a poblaciones de mujeres y otras minorías”. Caminos cruzados Pero, explican, un creciente número de pruebas muestra importantes diferencias entre hombres y mujeres respecto de la incidencia de ciertas enfermedades, la forma de responder al tratamiento y los resultados a largo plazo. Rogers y Ballantyne revisaron 400 estudios clínicos realizados en Australia y cuyos resultados se publicaron en revistas entre enero de 2003 y mayo de 2006. “Análisis como este son vitales para determinar si la agenda nacional de investigaciones trata asuntos pertinentes a la salud masculina y femenina, así como el alcance de cualquier exclusión indebida de alguno de los sexos del posible beneficio de la investigación”, señalan las doctoras. Pruebas diferenciadas Las investigadoras descubrieron cosas muy interesantes, como que: 1. La representación femenina era insuficiente en las investigaciones analizadas: 73% de las 546 mil 824 personas estudiadas eran mujeres. Sin embargo, este alto porcentaje se deriva directamente de la mayor cantidad y tamaño de los estudios exclusivamente femeninos. 2. En investigaciones con participación masculina y femenina, los hombres tenían más del triple de probabilidades de participar en la investigación de enfermedades que afectan a ambos sexos. 3. Los informes específicamente femeninos son insuficientes sobre todo en lo referente a investigación farmacéutica Para las cardiólogas australianas: “Las investigaciones sobre la salud femenina continúan enfocándose predominantemente hacia la capacidad y función reproductivas, mientras que se continúa explorando afecciones no específicamente masculinas sólo en hombres. Por ello, agregan, las mujeres no están bien representadas en las investigaciones sobre asuntos importantes de salud que no se relacionan con los aspectos biológicos de la reproducción humana. Más y menos El equipo australiano de investigación dice que la mayor parte de los 400 estudios revisados no analizó el posible papel del sexo en sus estudios. En una nota editorial las doctora Sharonnes N. Hayes, directora de la Clínica Femenina del Corazón de Mayo Clinic, Rita Redberg, de la Universidad de California en San Francisco, aportan más datos: “Observamos el mismo fenómeno en una revisión reciente de ensayos clínicos de cardiología, en los que sólo 25% de todos los estudios reportó resultados según el sexo de los sujetos”. Debido a que la enfermedad cardiaca es la causa principal de muerte femenina, consterna esta limitación en los datos de ensayos clínicos cardiovasculares, dicen. Al observar diferencias inesperadas entre hombres y mujeres, descubiertas en varias enfermedades, como cáncer de pulmón, enfermedad degenerativa de las articulaciones, depresión y otros trastornos de la salud mental, las doctoras Hayes y Redberg afirman que “la falta de diferenciación entre los sexos no debe tomarse por descontada, sino que debe estudiarse en forma sistemática”. Con base a esta información, escriben: “Analizar los datos según el sexo de los sujetos para enfermedades y tratamientos que afectan a hombres y mujeres es la única manera de empezar a brindar la mejor atención médica a todos los pacientes”. Silvia Ojanguren |