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México D.F., a 21 de septiembre de 2008 | 9:05 AM

Juan María Alponte
México y el mundo
21 de septiembre de 2008
La crispación de políticos

Me asombra que cualquier debate parlamentario posea un tono conminante y no convincente; crispado y no consensual; desmesurado y, por ello, excluyente

Me asombra que cualquier debate parlamentario posea un tono conminante y no convincente; crispado y no consensual; desmesurado y, por ello, excluyente. Más grave: impresiona el tono casi siempre alzado. Tono que, en los más de los casos, impide que la lengua sea indisociable del pensamiento. Los parlamentarios no deberían eludir que la lengua es un producto social. En suma, ¿cómo se puede asumir el “crispamiento”, permanente, de ese “producto social”? Su nivel pedagógico —la mesura— no existe.

Por ello, hace unas jornadas me pareció pertinente que un orador se quejara de que los oradores —él mismo también se crispó— transportaban consigo, en vez de la búsqueda del consenso, desencuentros. Advirtió que inclusive Porfirio Díaz aceptó, en febrero de 1908 (en la entrevista que concediera al periodista James Creelman), que México había llegado a una etapa democrática. “He esperado —dijo don Porfirio— con paciencia el día en que la República de México esté preparada para escoger y cambiar sus gobernantes en cada periodo sin peligro de guerras ni daño al crédito y al progreso nacionales. Creo que ese día ha llegado”.

Añadió, como se sabe, que “si en la República llegase a surgir un partido de oposición, le miraría como un bien y no como un mal, y si ese partido puede desarrollar poder, no para explotar, sino para dirigir, yo estaré a su lado, le apoyaré, le aconsejaré y me consagraré a la inauguración feliz de un gobierno democrático…”.

Creo que el orador antes citado, agobiado por la tensión del mitin cotidiano del Congreso, citó de buena fe, el pronunciamiento de Porfirio Díaz y, al hacerlo, reveló su angustia vital. No obstante, olvidó que en mayo don Porfirio negó sus afirmaciones de febrero y, sin más, admitió que se presentaría a la elección de 1910. Más grave aún: ignoró lo que pensaban sus colaboradores. Su ministro de Hacienda, Limantour, en su texto Apuntes sobre mi vida pública desmentiría al presidente ya arrepentido. Limantour señala que “los ministros, yo inclusive, y todas las personas que rodeaban de cerca al presidente, excepto su secretario particular, ignorábamos el hecho, y tuvimos igual sorpresa al conocerlo en los periódicos…”. Los dictadores no explican; tienen ocurrencias.

Sigamos a Limantour: “…Se resiste uno a admitir que el presidente declarara con énfasis que el pueblo se hallaba preparado para ejercer sus derechos, y que el porvenir de México estaba asegurado, porque nadie mejor que él sabía que ni la instrucción gratuita ni los periódicos ni los otros medios de difusión de las ideas habían logrado sacar a las masas de la ignorancia en que se hallaban de los más elementales derechos…”. Continuaba: “La extrañeza que causa semejante declaración, hecha unos cuantos meses después de las elecciones municipales de 1907, que se efectuaron, como siempre, según las prácticas antiguas, y cuando en los cuatro años transcurridos desde las elecciones presidenciales anteriores, ningún ensayo ni acto preparatorio se intentó para modificar esas prácticas…”.

Entiendo la buena fe del orador al recordar aquella intervención de don Porfirio. No puedo menos de señalar que si el orador hubiese leído el texto de Limantour acaso hubiera pensado las causas por las cuales, todavía, en el Congreso de nuestros días, ni los partidos ni sus oradores han integrado, en su pensamiento, por tanto, en su lenguaje, la mesura de un debate democrático esclarecedor y, por tanto, pacificador. Hoy la inmensa desigualdad de la sociedad mexicana todavía impide aceptar la “extraña” (Limantour dixit) definición porfiriana sobre el país. Por ello, un moderado llamado Madero tuvo que tomar las armas y ser asesinado por ellas. Es indispensable otro lenguaje.

  Acerca del autor
email:juan.alponte@eluniversal.com.mx alponte@prodigy.net.mx

Profesor titular de la FCPyS de la UNAM, escritor y periodista. Ha colaborado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha escrito 37 libros, entre los que destacan Retrato de una Familia Babélica; las biografías de Colón y Lenin; Historias en la Tierra y Los Liberadores de la Conciencia.

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