No es un secreto, ni he pretendido que lo sea, que, desde el inicio, señalé que votaría —en términos teóricos— por Obama. No me engañaban, tampoco, las inmensas dificultades que tenía ante sí. La situación internacional, agravada seriamente en todas las áreas del mundo, económica y políticamente, con un retorno irracional a la Guerra Fría, traslada los votantes del miedo a McCain, el héroe de guerra. La simplificación de Atlantic, el “warrior” frente al “orator”, es decir, el “guerrero” y el “orador”, encarna muchas de las emociones de los estadounidenses cuando sus buques ante el Mar Negro son sorprendidos por la decisión de Hugo Chávez de ofrecer sus aguas a la flota rusa. Las descalificaciones, paralelas, del presidente venezolano se dirigen a los instintos; no a las responsabilidades. Es grave cuando los instintos tienen misiles. McCain eligió, como candidata a la vicepresidencia a la gobernadora de Alaska. Sarah Palin, representa,muchas de las convicciones (al margen del embarazo de su hija de 17 años) de la conciencia profunda de una sociedad, sin duda, conservadora. No hay que olvidar que, en varios Estados, todavía se prohibe la enseñanza de Darwin y que McCain, hijo de un almirante y piloto de guerra prisionero en el Vietnam, no ha dudado en asociarse a ella que defiende el “creacionismo” y la mayor parte de las proposiciones: pena de muerte, antiaborto, anti-homosexuales y un repertorio que coincide, con la tradición de la América profunda. Esa América es una realidad y, de no ser así, el discurso de Bush no hubiera sido el de dos periodos aunque termine, el segundo, con la más baja —hecho sano— popularidad que se haya visto. En síntesis, esas contradicciones postularon la obamamanía universal a la que no di importancia. Todas las obamamanías, mediáticas, van y vienen. Lo que no hay duda es que EU quería cambiar. Ese sentimiento, posiblemente de culpa, se ha encontrado con los hechos duros: la crisis internacional, sin duda grave, y la crisis económica que ha convertido el capitalismo de Bush en un capitalismo de Estado al socializar, por arriba, las pérdidas bancarias. Se trata de una mutación que permite, a los banqueros, en la cima y la bancarrota, salir con sus bolsones de dinero dejando, en manos del Estado, sus desastres. McCain, que era un republicano original que tenía, enfrente, al “centro” más derechista, se está deslizando hacia la derecha dura y, de paso, condenando la élite harvardiana por cuya Universidad pasó el candidato demócrata. La lanzada de McCain contra las “élites” de Harvard es un viejo truco, pero efectista. Olvida que Harvard está presente entre las mejores 20 Universidades del mundo en todas las disciplinas del saber. Él, McCain, es fruto de la Academia Naval. Liberado de las prisiones de Vietnam, McCain, se divorció y casó con una heredera de la industria cervecera a quien debe su carrera política. El padre le dejó 300 millones de dólares y una industria floreciente. Ella recuerda que su padre, cuando chocó con su Porsche, calmo, le compró un Mercedes y cuando Cindy, su hija, terminó sus estudios y fue profesora de una escuela de pobres, el cervecero le compró un Volkswagen para ir a su “trabajo”. Listo el cervecero. Dedicada a obras de solidaridad en África, nada excitada por la política, Cindy se enamoró de McCain cuando tenía 24 años y él 43. Dos de sus hijos están en el ejército y, como ha demostrado en la Convención Republicana, el aura del poder no es su pasión. Sigue siendo quien es (su marido no pudo contestar “cuántas casas tienen” porque son muchas) mientras tanto Sarah Palin encabeza la versión tradicional entre las proclamas de Vladimir Putin y Hugo Chávez. No saben qué bien le vienen a John McCain. |