Habrá un antes y un después del 15 de septiembre de 2008 en este país. El Zócalo capitalino con sus tres gritos pasó a segundo plano. Todos los ojos miraron hacia Morelia, donde estallaron dos artefactos (todo parece indicar que granadas de fragmentación) en plena plaza Melchor Ocampo. Siete muertos, más de 100 heridos, nueve de ellos graves. Algo nunca visto antes: familias enteras que fueron a una fiesta patria, de Independencia —qué paradoja—, y salieron heridas. Terrorismo es la inevitable palabra. Fue justo cuando Leonel Godoy, gobernador del estado —de donde es originario Felipe Calderón, también donde arrancó al inicio del sexenio el ataque frontal con el Ejército contra el narcotráfico—, sonaba la campana. Primero pensó que eran cohetones. Luego vendría otra más. Y el desfile militar, al día siguiente, ya ni le digo. Todos los elementos que participarían se fueron a vigilar la capital michoacana. En plena fiesta —que dejó de serlo— en Palacio Nacional, Felipe Calderón se reunió con su gabinete de seguridad. Él tardó en bajar al patio central una hora, un poco más… y se quedó después poco tiempo. No era para menos. ¿Quién y por qué fue? Hasta el momento, no se sabe de manera oficial. Pero muchas cosas apuntan hacia la mano del narcotráfico, que hasta anteayer por la noche había siempre respetado a la población civil. La PGR atrajo las investigaciones. Godoy vino ayer al DF a hablar personalmente con Calderón. ¿Por qué? Una hipótesis: habría que voltear a ver a Colombia. Llegó un momento en que sus narcos también dejaron de respetar a la población. Lo hicieron con el afán de presionar a las autoridades, que a su vez los presionaban a ellos. Ayer Denise Maerker entrevistaba al director de El Tiempo, quien dijo una frase para pensarla. Cuando esto sucedió en Colombia, en los 80, la sociedad se indignó contra los “asesinos sin escrúpulos”, como ayer dijo el presidente Calderón en los primeros dos atentados. Pero para el tercero… la percepción era que la culpa la tenían el gobierno y el Estado que no podían detenerlos. Ayer por la mañana, Calderón decidió dar el discurso que daría la secretaria de Relaciones Exteriores: —Se equivocan quienes pretenden que el miedo haga presa de nuestra sociedad y nos inmovilice. Ahora, ¿qué podemos hacer realmente? ¿Dejar que la delincuencia tome el país? Creo que no. Pero también es momento de exigir que los políticos —de todos los partidos— dejen de ser “nanos” y crezcan en la medida que la situación se los demanda. La versión corre en el círculo cercano al novio, cantante de grupo de moda: está dolido porque Christiane, su novia, se fue a vivir a Nueva York. Primero, dice él, se fue sólo con unas amigas a comprar ropa y revenderla en el DF. Unos días en un pequeño hotelito, hasta que su padrastro les dijo que mejor se quedaran en el Waldorf Astoria, por cuenta de él… Pero luego, por recomendación del nuevo esposo de su mamá, Christiane mejor se quedó a estudiar allá. Algo relacionado con las letras. ¿Por qué? Porque la inseguridad en el DF está difícil. Del novio, dicen sus amigos que aquí se queda. Esta historia no tendría nada de extraordinario si no fuera porque el padrastro en cuestión se llama Marcelo Ebrard, y ella, Christiane de Anda Pratts, hija del primer matrimonio de Mariagna Pratts. Ella lo dijo: —Me voy porque no le veo ninguna perspectiva, ninguna posibilidad de poder reconquistar a los ciudadanos que votaron por el partido: Patricia Mercado, al anunciar su próxima salida del ahora Partido Socialdemócrata, antes Alternativa (sin ironía). A eso súmele que Alberto Begné renunciará a la presidencia del PSD para buscar una curul en 2009. . |