¿Granadas en el atentado en Morelia? Una granada defensiva puede causar daño en un radio de 20 metros y dejar cráter. La tv de Michoacán difundió la madrugada del 16 de septiembre imágenes de las dos explosiones de la noche anterior, en medio del grito de Independencia encabezado por el gobernador Leonel Godoy. En la avenida Madero se pudo observar un boquete de unos 80 centímetros de diámetro y el cuerpo ensangrentado de un hombre, a escasos dos metros. El periodista que condujo la emisión hizo notar que esa calle nunca ha tenido problemas de baches. ¿Qué explosivos se utilizaron en este crimen que alcanzó a la población civil? ¿Qué sigue ahora? Los más preocupados por los hechos ocurridos en Michoacán fueron los paisanos del presidente Felipe Calderón, quienes lo acompañaron la noche del 15 y la mañana del 16 de septiembre en Palacio Nacional. Entre los michoacanos comentaban los hechos. Ahí estaban César Nava, secretario del presidente; Salvador Vega, secretario de la Función Pública; Rafael Elvira Quesada, secretario del Medio Ambiente, y el mandatario, quien después de dar el grito mostró un rostro de disgusto y consternación. Adriana Cuevas aterrizó en el Senado en medio de fuego cruzado. La llevó el panista Gustavo Madero después de que se la enviaron del PAN. A la Secretaría de Comunicaciones y Transportes le cayó de perlas; los funcionarios llevaban meses sin saber cómo quitarla, porque ahí la tenía el mandamás de los comunicadores del sector público, Max Cortázar. Entre las razones por las cuales se querían sacudir a doña Adriana en la SCT se encontraban las traiciones que había tenido con algunos subsecretarios, contra quienes, por razones personales, había emprendido cruzadas en algunos medios. Ahora le tocará a Madero, y a quien se deje, lidiar con ella, misma que ya informó al personal de Xicoténcatl del soez lenguaje con el que trata a sus subordinados. Y si de lenguaje se trata, hace menos de tres semanas el secretario de Economía, Gerardo Ruiz Mateos, se reunió con ejecutivos de multinacionales y bancos para narrarles las bondades de México. Ellos estaban un poco extrañados por el comportamiento del interlocutor, sobre todo cuando lo presionaban con preguntas directas y respondía con floritura: describía la inseguridad con un “está cabrón”, y cuando se trataba de hilar frases, soltaba el juvenil “güey”. “Es arrogante”, dijo uno de ellos, “pero limitado”. Bueno, salió reprobado don Gerardo. |