En el año 2008, la población de Bolivia se estimó, por la Cepal, en 10 millones 028 mil. El analfabetismo se consideró, en 2006, 11.7% de la población total. La tasa de mortalidad, por cada mil nacidos vivos, se elevó, para el periodo 2000-2005, a 55.6%. En México, en el mismo periodo, la tasa de mortalidad fue (para ambos sexos) de 20.5%. El agua por tubería alcanzaba en Bolivia, en 2006, a 66.5% de las viviendas; en México a 90.0%; el alumbrado eléctrico en Bolivia, en 2006, se suministraba a 66.5% de los hogares; en México a 98.5%. La Cepal, al establecer el PIB per cápita, en dólares (a precios constantes) coloca a Bolivia, en 2006, en la cola de los países latinoamericanos excluido Haití, con 386.2 dólares, es decir, mil 58 dólares por persona. América Latina, como promedio, tuvo en 2006: 4 mil 406 dólares. Bolivia es un inmenso territorio (un millón 99 mil 581 km2) para su población. Ha sido constreñido, como país, a ser un país “interior”. En la guerra del Pacífico, en 1879-1884, fue obligada a ceder a Chile la banda litoral sobre el océano Pacífico y el puerto de Antofagasta. En 1904, Brasil, y después Paraguay, en la guerra terrible del Gran Chaco, (1932-1935) eliminaron a Bolivia del Pacífico y de las vías navegables del Amazonas y el de la Plata. Su meseta alta (entre 3 mil 700 y 4 mil 200 metros de altura) emerge de la cordillera de los Andes donde existen importantes yacimientos mineros. Los altos valles y las llanuras orientales son inolvidables para aquellos que vean esos espacios, pero en gran parte de su territorio el gas y el petróleo son esenciales. La mayoría de su población (se dice que entre 65% y 70%) procede las etnias indígenas, la mitad, acaso, amayra y la otra quetchua. Idiomas que vuelan sobre la cordillera y la pobreza. No obstante, un día fue Bolivia la montaña del Potosí, la montaña de la plata. Hasta Miguel de Cervantes, después de regresar de las batallas de Lepanto y de sus años de prisionero de los moros, pidió un puesto en el Potosí. La burocracia no se lo concedió y, por ello, acaso, contamos con el Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha. Los mestizos conforman, entre 20% y 25% de su población. Según la hipótesis de Guillermo Lora, son la pequeña burguesía urbana y suburbana sobresaliendo, en la cima de la pirámide, 10%, acaso, de origen europeo. En 1824 —se olvida— Simón Bolívar y Sucre ganaron, respectivamente, las últimas batallas de la independencia en América Latina frente, todavía, a verdaderos ejércitos españoles: las de Junin y Ayacucho. Un año después Sucre proclamó la independencia de Bolivia y Sucre, en 1826, pasó a ser el primer presidente de Bolivia. Desde entonces, más de 150 golpes de Estado. Yo se lo recordaba, a Paz Estensoro, “que fue el primero en terminar su mandato, en 1960, desde Saavedra en 1925”. Saavedra, por cierto, era el segundo apellido de Miguel de Cervantes. Paz Estensoro se reía con melancolía —hablamos en Lima—, pero no podía eludir la verdad: un golpe militar lo arrojó del poder. Evo Morales, procedente de la gran mayoría autóctona, ha emprendido una enorme empresa: de un lado, a las mayorías indígenas desposeídas y, del otro, utilizar los recursos nacionales (en la memoria la inmensa rapiña del estaño y la “rosca” en su entorno) al servicio de la nación. Se requería un tino de excelencia para no confrontar, sin salida, a una sociedad duramente escindida. La buena voluntad no es siempre, identificable, con lo mejor. La crisis de Bolivia, por su dimensión de clase y de cultura, es global. Requiere, para la mutación, el genio de la prudencia y la inteligencia. Lo cierto es que los poderes de prudencia e inteligencia se han trasladado a Brasil donde un metalúrgico de la guerra contra la dictadura ha entendido el mensaje y trabaja, en el laberinto latinoamericano, con la mesura de un hombre de Estado. |