Luis Cabrera nació en Zacatlán de las Manzanas, Puebla, en 1876. Estudió Derecho y fue articulista famoso, secretario de Hacienda y pasó por múltiples opciones, a veces contradictorias, en la Revolución. Murió en la ciudad de México el 12 de abril de 1954. Al examinar el año 1910, a la vera del “centenario”, efectúa unas reflexiones que pueden permitirnos asumir, sí o no, si la política y los conflictos de clase se han modificado o se perpetúa, todavía, un peligroso deslizamiento hacia la confusión y la injusticia. Vean ustedes: “El problema político era de imposible solución. La adoptada por el general Díaz consistía en tener una Constitución y un sistema legal meramente teóricos”. El razonamiento completo de Luis Cabrera merece reflexión analítica. Añade: “El sistema legal meramente teórico, como la Constitución, solamente era aplicable por completo para los extranjeros y los criollos en la parte declarativa de los derechos; para indios y mestizos, en la parte represiva”. ¿Cuáles eran las consecuencias que Luis Cabrera extraía de ese sistema declarativo y represivo? Helas aquí: “El resultado tenía que ser una dictadura absoluta en la cual la aplicación de la ley variaba según la clase de personas, con todas las consecuencias naturales de semejante sistema y cuyos resultados inevitables tenían que ser el privilegio para los de arriba y la servidumbre para los de abajo, la falta de garantías para las capas inferiores, y la falta absoluta de justicia para esas mismas capas en los conflictos con las capas superiores”. Añadía: “Nuestra Constitución representa, teóricamente, un sistema individual y es aplicada conforme al criterio personal del dictador o de sus representantes de los Estados y, resultaba siempre en favor del individuo de la clase alta sobre el individuo y aún sobre los grupos de la clase baja”. En suma, pareciera que ese diagnóstico sobre 1910, con su centenario a cuestas —ahora nos caen dos—, y sus variables, se complican si no existe el valor ético, bien entendido, que no “valor moral”, para plantear, críticamente, los problemas. Es obligada una proposición esencial: que la crítica, histórica y filosófica, nada tiene que ver con el escándalo y, menos aún, con la descalificación gratuita. Ambas actitudes eliminan el centro teórico de una sociedad convivencial y no sobrevivencial y que, por ser lo último, es alimentada con escándalo y descalificación. La crítica, inicialmente impulsada por Kant en su dimensión filosófica, es, sobre todo, una actitud contraria a todo dogmatismo religioso o político. Implica, por ello, no la idea de que se posee toda la verdad, sino que se busca y se requiere que, en el momento activo del conocimiento, se asuma, con todas sus consecuencias, la realidad. Lo que Luis Cabrera nos señala es que el sistema jurídico-político era meramente declarativo para las clases superiores y claramente represivo para las inferiores. Un documento del Pew Hispanic Center, organismo dedicado a estudiar la emigración mexicana en Estados Unidos, señala: “En el último quinquenio han migrado, hacia Estados Unidos, 498 mil mexicanos cada año”. El Informe sobre Desarrollo Humano, México 2006-2007 (publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) advierte: “El Informe sobre Desarrollo Humano en México 2002 reveló la similitud (página 3) en el desarrollo del DF y Hong Kong y los de Chiapas y El Salvador. Para el presente Informe Hong Kong superó en ocho veces el DF y El Salvador cinco a Chiapas…”. ¿Qué diría Luis Cabrera? Contesten ustedes por él. |