Rusia mantendrá en Abjasia y Osetia del Sur —regiones separatistas respecto a Georgia— a sus soldados que, por otra parte, invadieron el territorio georgiano y destruyeron algunas poblaciones. Desde el punto de vista de una proyección objetiva aparece claramente que la URSS, como Estado socialista, consideró las fronteras del imperio zarista fronteras de la URSS. Ello, sin más, pese a que muchas de las regiones incorporadas al imperio zarista por las armas mantuvieron desde 1917 su decisión de recuperar la independencia. Es igualmente objetivo asumir que a partir de la disolución de la URSS, Gorbachov no pudo impedir la aparición de un fenómeno explosivo: la independencia de ciertas regiones transformadas en repúblicas. Bajo el gobierno de Vladimir Putin, ex agente del KGB, su hipótesis jurídico-política ha consistido en la búsqueda de soluciones políticas, presiones o amenazas para la restauración de las viejas fronteras. Ha empleado medios distintos, pero uno de ellos claro: paralizar, impedir o contrariar el abastecimiento de petróleo de las nuevas repúblicas o plantear su control, como en el caso de Georgia, por la significación estratégica de sus oleoductos. En suma, una crisis rusa profunda que es parte de su historia. El problema subsiguiente ha sido evidente: que para mantener su independencia algunas de las nuevas repúblicas han considerado la alianza con la Unión Europea o con Estados Unidos. Por ejemplo, en estas mismas horas, la UE abre la puerta a Ucrania para un “acuerdo especial” bajo una idea compleja: “Ucrania es un país europeo que comparte con Europa historia y valores”. Es una visión; otra, la de Lenin, que en 1922 afirmaba lo siguiente: “Si la Unión Soviética pierde Ucrania, pierde su cabeza”. ¿Exceso, acierto, error? Europa ha dicho a los ucranianos que en el futuro no podrá “hacer más”. En suma, advierte tácitamente que no se intentará incorporar Ucrania a la OTAN, cosa, sin embargo, que ya han realizado algunos países ex socialistas de Europa del Este. ¿Era necesario ante la sensibilidad del gobierno de Putin sobre el tema? Recuérdese que cuando la España democrática, bajo Felipe González, intentó integrarse a la UE, advirtió: “Sí a Europa, no a la OTAN”. No pudo mantenerlo. No tenía la menor posibilidad de unirse a Europa, después de Franco, sin incorporarse a la OTAN. En esa difícil circunstancia hizo un referéndum sobre el tema y pidió a los españoles que votaran a favor del ingreso en la OTAN. El pueblo, que entendía que no habría progreso sin Europa y sin la ayuda europea, votó por la OTAN. Ese problema en el Este posee una crispación mucho mayor que en Europa Occidental y, por otra parte, el pacto militar entre España y Estados Unidos —puesto que la España de Franco no podía entrar en la OTAN porque no era un país democrático— firmado entre Franco y Washington fue la “puerta trasera” de la OTAN. Se ha mantenido en la democracia. En suma, leyes estratégicas y políticas. El panorama internacional se ha complicado gravemente. El Cáucaso ruso (la ruta del petróleo) ha generado ya tragedias —Chechenia— y se ha ampliado con la crisis de Irán que amenaza destruir Israel y llegar a la edad atómica (en su dimensión pacífica es absolutamente correcto), lo que exaspera la crispación militar mundial y, por si ello fuera poco, Venezuela ofrece a Rusia un espacio estratégico para maniobras navales con submarinos nucleares. Ese vasto y complejo proceso de irracionalidad, en el cuadro de una peligrosa crisis económica mundial, vinculada a su vez a los precios del petróleo, genera la guerra financiera y una tácita expansión armamentista. Esos hechos presionan, sin duda, sobre las elecciones en EU. Favorece el modelo duro, no el cambio. ¿Quién es el responsable? Sin duda, todos. |