Hay viejos rituales y aromas que no son fáciles de olvidar. El presidente Felipe Calderón sorprendió la semana pasada a los integrantes de la Mesa Directiva de San Lázaro, a propósito de la entrega por escrito del segundo Informe de gobierno. Los legisladores cuentan que el mandatario hizo un comentario sobre la antigua ceremonia, en la que el jefe del Ejecutivo acudía a una sesión de Congreso General. Y lo escucharon decir que extrañó el viejo ritual, con todo lo que implicaba. Abrieron los ojos y levantaron las cejas cuando dijo que quizá en el futuro pueda acudir a la Cámara de Diputados y, además, establecer una excelente relación con diputados y senadores. Josefina Vázquez Mota se ha convertido en una especie de comisión calificadora de libros, al gusto de sus lecturas. La semana pasada decidió comprar parte de la obra de una periodista radicada en Miami, con un tema de autoayuda. Pero no es la primera vez que lo hace: el 3 de julio, durante la presentación del libro de Rosario Marín —primera tesorera de Estados Unidos, inmigrante que nació en el DF—, anunció sorpresivamente que se mandaría hacer una versión corta de su libro-biografía Una líder entre dos mundos, para que se lea en las aulas del país. Los estudiantes necesitan “héroes de carne y hueso”, argumentó la titular de la SEP. Fuera de la Mesa Directiva del Senado, el panista Santiago Creel anda muy activo y ofrece pláticas a sus compañeros de partido, ahora con los temas pendientes de la reforma del Estado: derechos ciudadanos, seguridad pública y modificaciones a las leyes de radio y televisión. Don Santiago estuvo el fin de semana en Puerto Vallarta y aprovechó para dialogar con Francisco Ramírez Acuña, ex secretario de Gobernación, quien anda metidísimo en la grilla jalisciense. ¿Había usted escuchado alguna vez la posibilidad de mandar al extranjero a un embajador mexicano pirata? La historia existe y se dio en la ciudad de México. El secretario de Turismo del DF, Alejandro Rojas, nombró como embajador turístico a un vochito, para que represente a la capital mexicana en una exposición en el Museo de Automóviles de París. Pero al colaborador de Marcelo Ebrard se le pasó por alto un detalle: el VW tiene placas particulares, o sea, de esos que pululan en las calles como piratas. Después de Francia, el vochito chilango se irá a radicar, con todo y fama, al Museo Tecnológico de Berlín.
Bajo reserva ahora también se oye
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