¿Y si nadie renuncia?¿En serio, trabajan bien? Repentinamente, como ocurrió luego de enero de 1994, cuando la masa arengaba “Todos somos Marcos”, hoy las voces colectivas hacen suyo el reclamo de Alejandro Martí: “¡Si no pueden, renuncien!”. Pero muy pocos se han puesto a pensar sobre el peso del reclamo. ¿Qué significó para la clase política? ¿Qué piensan y cómo reaccionan gobernantes, políticos profesionales, servidores públicos y representantes populares frente a una arenga que es parte de un reclamo colectivo, de un “¡Ya basta!”? Políticos, jefes y dueños de la “partidocracia” se llaman a sorpresa, se dicen enojados, insultados, apabullados porque los ciudadanos piden cuentas, porque ante la ineficacia ponen fecha para que cumplan o renuncien, para cumplir trabajo y responsabilidad. Su obligación. ¿De verdad podemos suponer que existe responsabilidad, conciencia sobre su trabajo, patriotismo, preocupación por “la gente”, entre líderes de partidos, legisladores, gobiernos de todos los signos? ¿Es posible esperar que aparezca un poco de eso que obliga a los malos servidores públicos a renunciar frente a errores, incapacidades o problemas desbordados? ¿Conocen los políticos mexicanos eso que entendemos como vergüenza? Más aún, la gran pregunta que pocos se atreven a hacer y otros de descartan: ¿Qué tal si ninguno de los gobernantes incapaces o de los ineficaces servidores públicos renuncia; si los ocurrentes políticos mexicanos se niegan a dejar su cargo a pesar de que se exhiba su ineficacia? Y no, aquí no aventuramos ninguna hipótesis descabellada. Lo único que pretendemos es exhibir el enojo de no pocos integrantes de la clase política por el reclamo de Martí, al que no hicieron “picadillo” porque una postura contra el empresario habría sido políticamente incorrecta. ¿Pero qué tal cuestionar el día siguiente? En esto están. EL CINISMO COMO POLÍTICA En su momento nos referimos al enojo causado entre una parte de la clase política por el reclamo de que renuncien ante incapacidades notorias —resumido por Alejandro Martí—; al “berenjenal” en el que se metió Beatriz Paredes frente a ese reclamo; a la rabieta de Diego Fernández de Cevallos y a la ridícula resistencia de la Corte a reconocer sus errores. Pero en estos días hemos llegado a extremos de desvergüenza lo mismo de azules, amarillos y tricolores, sin olvidar a empresarios, ministros de culto, uno que otro intelectual oportunista y hasta medios panfletarios. Pronto aparecieron las justificaciones. Los políticos cuestionaron a los cuestionadores: ¿por qué los intolerantes ciudadanos piden a políticos y gobernantes que renuncien? “¡Qué horror!”, a quién se le ocurre tal sacrilegio. Y el primero en tratar de justificar lo ocurrido fue el secretario de Gobernación. Sí, Juan Camilo Mouriño dijo que el único con facultades legales para despedir a los secretarios de Estado es el presiente Calderón. Verdad de a kilo. Pero se le olvidó —o nunca lo entendió— que nadie le pidió al Presidente que despida a tal o cual funcionario del gabinete legal y/o ampliado. No, el corazón de la demanda ciudadana respecto a la responsabilidad de los servidores públicos, gobernantes, representantes populares, es un gramo, un milímetro de vergüenza, de pundonor. Luego vino ese bien diseñado engaño colectivo que es el golpismo impulsado por los talibanes amarillos. Es decir, a su estrategia de tirar al gobierno de Calderón desde el mismo 3 de julio de 2006 los radicales amarillos sumaron el reclamo de Martí. El símbolo de “Si no pueden, renuncien” fue empleado por AMLO, Muñoz Ledo, Camacho y su claque para justificar la estrategia impulsada desde hace casi dos años: convencer a los incautos de que es el tiempo de que la ciudadanía reclame “que se vaya Calderón”. ¿De verdad eso es lo que reclama la gente? ¿Qué no es un reclamo sólo de los talibanes de AMLO? REVOCACIÓN DE MANDATO Otros políticos amarillos, tricolores y hasta azules vieron el reclamo de que renuncien si no pueden no sólo como afrenta, sino como insulto. Por eso regresaron el supuesto “insulto” con una verdadera ofensa hacia los ciudadanos; encontraron una justificación impecable par salvar el pellejo: “Tenemos que reglamentar la renuncia”. ¿Cómo? Claro, mediante la revocación de mandato. ¿Y eso qué es? Que a través de una suerte de plebiscito se le quite el cargo a quien lo obtuvo por elección popular: el Presidente, gobernadores, diputados federales, senadores y más debajo de la estructura. Sin embargo, otra vez el engaño, porque nos quieren meter a la ruta de las reglas para echar a tal o cual servidor público, político o gobernante. Pero esa es una lectura equivocada, pues debemos insistir que cuando los ciudadanos piden que los servidores públicos renuncien “si no pueden”, nadie está pidiendo que existan nuevas leyes para correr a nadie. No, se trata de un asunto de vergüenza, un gesto de pena ante la incapacidad para cumplir con la responsabilidad contraída. ¿Revocación de mandato? No, vergüenza para renunciar, para reconocer las limitaciones, incapacidades, que no pueden con el paquete, que llegaron al cargo no por ser los mejores, sino por cuotas políticas. Ese reclamo es lo mismo para amarillos, azules o tricolores. Pero el PRD lo quiere como un mensaje dirigido sólo al gobierno de Calderón, al que llaman “ilegítimo”. Y sin duda que tienen razón en que el de Calderón es un gobierno que muestra graves fallas y vacíos de atención a los problemas nacionales. Pero los amarillos, igual que tricolores y azules, asumen que son legítimos, que las gestiones de sus respectivos gobiernos son el mejor ejemplo de eficacia, congruencia, capacidad… ¿En serio? ¿Quién mete las manos por los gobiernos de PRD, PRI, PAN? NO ME VOY, NO ME VOY, NO… Pero en el otro bando, en el gobierno de Calderón, las cosas no están mejores. Existen barbaridades como la del secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna —uno de los preferidos del presidente—, quien sin pudor dice que no se va, que ha hecho bien su trabajo y, en la desvergüenza total, que sólo el Presidente lo puede quitar. ¿De verdad cree eso? ¿En serio Calderón cree que un servidor público como ese merece seguir en el cargo? Si el gobierno de Calderón, igual que el de Ebrard y que los de la mayoría de los gobiernos estatales, de los presidentes mexicanos de las últimas décadas, creen que pueden seguir formado sus gabinetes y equipos a partir amigos y sus grupos cercanos, de incondicionales, políticos que no lo son, servidores públicos que son un fraude, profesionales del ejercicio del poder que nunca han sido capaces de controlar siquiera a sus familias, entonces no servirá de nada ni la revocación de mandato ni la nueva legislación electoral ni nada. Y entonces podremos gritar que renuncien por vergüenza, pero no habrá la tal vergüenza. |