Instalado en el autismo total, por decir lo menos, el gobernador de Tamaulipas no se entera, o no quiere enterarse, de la situación crítica que vive su estado. No sólo por la presencia y operación del narcotráfico, que para los tamaulipecos desgraciadamente se ha vuelto cotidiana, sino por la ola de secuestros en diversas regiones de la entidad norteña sin que el gobierno federal o estatal hagan nada para ayudar a la población. Mientras en el estado, lo mismo en los círculos políticos que en los corrillos empresariales, campean versiones que ligan a su procurador de Justicia, José Herrera Bustamante, con el incremento en secuestros a todos los niveles sociales, el gobernador vive encerrado en su palacio y en la indolencia total. Un empresario de Tamaulipas, cuya familia acaba de ser víctima de un secuestro, narra cómo, desesperado, decidió acudir al gobernador Eugenio, de quien se considera amigo. Con todo el protocolo de por medio, el mandatario le dio una audiencia y lo recibió en su despacho. Tras los saludos de rigor, el gobernador preguntó a su amigo qué se le ofrecía. Sin poder controlar la emoción, el empresario le narró lo que sucedía. “Vengo a pedir tu ayuda, ya no sé qué hacer”, le dijo. Después de escucharlo, el gobernador hizo una pausa y respondió a su amigo: “Pues yo te recomiendo que negocies con los secuestradores. No veo qué más puedas hacer”. El hombre salió de ahí con la cara desencajada y una sensación de impotencia y abandono. El desenlace de su historia personal fue como la de muchos tamaulipecos con recursos que, en los últimos meses, han salido huyendo de su estado ante la impunidad con que están operando las bandas de secuestradores ligadas a Los Zetas y al cártel del Golfo. Tras pagar rescate y recuperar con vida a su familiar, ese empresario optó por abandonar el estado y, como muchos otros, cambió su residencia a McAllen, Texas, desde donde ahora opera. ¿Pero qué pasa con la inmensa mayoría de los tamaulipecos que no pueden irse al otro lado de la frontera y que igual son víctimas de esta oleada de secuestros? Cálculos de organismos civiles y de derechos humanos en el estado hablan hasta de 100 secuestros en lo que va de este año; el dirigente de la Coparmex local, José Pensado Robles, habla de más de 50 secuestros anuales y señala que empresarios del norte y del sur del estado, que en la mayoría de los casos no denuncian, son las principales víctimas. Curiosamente la Procuraduría General de Justicia de Tamaulipas no considera el secuestro entre los delitos “con mayor incidencia en el estado”. En su página de internet, la dependencia que encabeza el cuestionado Herrera Bustamante sólo publica estadísticas de “lesiones” como el delito más grave en la entidad, seguido por “robo simple” o “amenazas”. Nada sobre los secuestros que denuncian empresarios y organismos civiles. No es la primera vez que a la administración de Eugenio Hernández se le acusa de indolencia o nexos con el crimen organizado que opera en su entidad. En las últimas campañas locales, el 1 de octubre de 2007, diputados federales del PAN publicaron en diarios nacionales un desplegado en que pedían intervenir al gobierno federal porque el narco penetró las campañas. “Hoy, lamentablemente, hemos pasado de los delitos comunes electorales al crimen político organizado, al encontrarse la delincuencia organizada y el narcotráfico directamente ligados con el manejo de su estructura en las campañas electorales, operando a favor de los candidatos del gobernador Eugenio Hernández Flores”, acusaron los legisladores federales. Y ante todo eso, ¿qué hace el gobernador? Nada. Les recomienda a sus gobernados que negocien con los criminales. ¿Será que él ya aplicó esa fórmula? NOTAS INDISCRETAS… Para sustituir a Roberto Campa como secretario técnico del Sistema Nacional de Seguridad Pública empieza a sonar fuerte el nombre de Ulises Ramírez, recién nombrado coordinador de asesores del secretario de Gobernación. Ramírez no tiene mucha experiencia en seguridad, salvo su paso por la comisión del ramo en el Senado y su trabajo como alcalde de Tlalnepantla. Pero es parte del grupo cercano del presidente Felipe Calderón. Hasta julio pasado fue senador y pidió licencia para incorporarse al equipo de Mouriño. Su trabajo en la campaña interna panista, en la que Calderón ganó la candidatura, le valió la confianza del mandatario y esa misma confianza lo llevaría a un cargo clave en momentos de crisis de seguridad… Los dados se entrampan. Acecha la serpiente. |