No creo exagerar si digo que en este mes aprendimos más sobre la educación en México que en varias décadas previas. Hasta fines de 2004, cuando se publicaron los resultados del examen PISA de 2003, no sabíamos absolutamente nada sobre cómo funcionaba la educación en México. A partir de entonces, hemos logrado tener cada vez más información al respecto, y es muy bienvenida. Quienes nos dedicamos a dar clases teníamos sospechas de un deterioro, y las seguimos teniendo, puesto que en realidad lo único que sabemos data de los últimos cinco años. Es decir, no sabemos si la educación en México funcionó bien en algún momento, y luego se deterioró, o si siempre ha sido igual de mala que hoy. Tenemos algunos datos que apoyan la idea de que hay un serio deterioro en los años 80, por la masificación de la secundaria, que es el nivel más malo, según los datos recientes. La media superior, que no sale mejor, tiene la excusa de que la secundaria provee malos insumos, por decirlo así. Pero la secundaria no tiene ese pretexto, porque los alumnos de primaria salen mal, pero no tanto como después de pasar por ese nivel. Pero, reitero, son suposiciones, porque no tenemos evaluaciones generales previas a 2003. Puede ser que la caída del nivel sea anterior a los años 80, y resulte de la reforma educativa de tiempos de Luis Echeverría, aquella que nos desapareció los prefijos y sufijos para hablarnos de gramemas y lexemas, que aparentemente nos dejaron analfabetos. Nadie en su sano juicio aprende a leer con esas palabrotas. Lo que es evidente es que el nivel educativo actual es, en promedio, muy bajo. No podemos compararnos con países desarrollados, aunque gastemos, proporcionalmente, mucho más que ellos en nuestro sistema educativo. Sí podemos compararnos con América Latina, y estamos razonablemente bien en ese grupo de países. Pero no hay que olvidar que es precisamente este subcontinente el peor fracaso del siglo XX. Encabezamos el fracaso, si quiere verlo así. No es nada bueno. Dos terceras partes de los profesores que presentaron examen de oposición no obtuvieron la calificación mínima para optar por las plazas. Nada sorprendente si sabíamos que dos terceras partes de los jóvenes que salen de secundaria no pueden hacer más que seguir instrucciones simples. Pero ahora tenemos evidencia de que el sistema se reproduce: es muy razonable suponer que dos terceras partes de los profesores en activo no están calificados para su trabajo (porque buena parte de quienes presentaron el examen efectivamente trabajan como profesores, pero sin plaza). Cada uno de ellos destruirá la vida de 30 o 40 niños, incapacitándolos para aprender, y por lo mismo para tener un ingreso razonable, y no sólo eso, sino una vida plena, utilizando sus capacidades naturales, que son, según Amartya Sen, la medida correcta de la pobreza. Así, nuestro sistema educativo garantiza que dos terceras partes de los niños que asisten a él serán pobres, porque no podrán desarrollar sus capacidades. Y esto lo estamos logrando entre todos, no hay que olvidar, porque no es sólo que los maestros sean incapaces, también la familia ayuda. Sin duda los padres quieren una buena educación para sus hijos, pero su preocupación termina cuando los niños están en la escuela. Confían en que ésta hará su trabajo, y rara vez verifican que así sea. Bueno, ahora no hay excusa para esto: hoy sabemos, sin lugar a dudas, que nuestro hijo está perdiendo el tiempo en la escuela y no aprende nada, con 66% de probabilidad. Es como si se jugara usted la vida de su hijo en un volado, pero con un merenguero. Es decir, que ni siquiera tiene usted la probabilidad del volado, 50-50, sino menos. En los exámenes, las escuelas privadas suelen obtener mejores resultados que las públicas, pero también sabemos que esta conclusión no es correcta. Lo que impacta el resultado no es tanto si la escuela es privada o pública, sino el nivel socioeconómico en que la escuela está. Puesto que hay más escuelas privadas en niveles altos, en el promedio parecen salir mejor, pero no hay nada seguro. Dicho de otra forma, es posible que su hija esté en una escuela privada, porque usted cree que eso le garantiza una buena educación. No es así: igual hay que vigilar. En una economía que depende cada vez más del conocimiento, el sistema educativo se convierte en el elemento más importante para el desarrollo futuro del país, y se mantiene como uno de los factores más importantes para igualar las oportunidades. Es decir, que un mal sistema educativo nos hace más pobres a todos, pero al mismo tiempo más desiguales. Podemos ver a nuestro sistema educativo como el culpable de que México no crezca y sea tan desigual, y no estaríamos mal en nuestra interpretación. Pero eso sería una mala idea, porque el pasado es irremediable. Más bien creo que tenemos que ver al sistema educativo como una oportunidad: si logramos que mejore, lograremos al mismo tiempo crecer más y ser más iguales. Es la verdadera revolución, la educativa. Ha empezado despacio, pero quien la acelerará o no, es la sociedad en pleno. Empiece a cuidar a sus hijos, revise tareas, póngalos a leer, haga cuentas con ellos. Eso es lo que les va a heredar. |