Si nos hubiéramos planteado la pregunta hace apenas un par de años, uno sería considerado el más feminista.Barack Obama, hijo de madre soltera y esposo de una mujer fuerte y protagónica, activista social en un mundo —el afroestadounidense— donde las mujeres juegan un papel relevante, padre de dos hijas, favorable al derecho de la mujer a decidir en el siempre espinoso tema del aborto... John McCain viene de un partido que no siempre trata a sus mujeres con igualdad de oportunidades y él mismo tiene un historial controvertido, pues a su regreso de Vietnam fue notorio por sus amoríos y por la manera poco elegante en que dejó primero y se divorció después de su primera esposa. Además, en el conteo estadístico, los demócratas tienen en promedio el doble de mujeres en cargos públicos que los republicanos. Pero el tiempo no pasa en balde y las campañas tampoco. Obama debió enfrentarse a un icono feminista en una contienda que fue reñida, ruda y francamente desagradable. Muchos de los ataques de ambos campos tenían resabios de racismo o de misoginia y las heridas y cicatrices son claramente de género. Para muchas de las partidarias de Hillary Rodham Clinton, la sola idea de tener que votar por el hombre que ellas consideran le ganó a su candidata a la mala es como para darles dolor de estómago. Ante ese panorama —y con las encuestas mostrando una carrera bien cerrada— McCain decidió ofrecerle la candidatura a la vicepresidencia a una mujer conocida por... no ser conocida. Sarah Palin, hoy todavía gobernadora de Alaska, ha ocupado ese cargo apenas 20 meses, durante los cuales no se puede decir que se haya destacado por mayor cosa. Su currículo es igualmente poco impresionante, a menos que consideremos su muy acotada carrera como reina de belleza (en la que conquistó la corona de Wasilia pero perdió el concurso de Miss Alaska), como comentarista deportiva en noticieros de tv o como alcaldesa/administradora de la misma gran ciudad de Wasilia, que tiene menos de 10 mil habitantes. La candidatura de una mujer sigue siendo noticia en EU. Hillary fue la primera en llegar a la recta final de las primarias de uno de los dos grandes partidos, y Palin es apenas la segunda en tener la oportunidad de contender por la vicepresidencia, después de la demócrata Geraldine Ferraro, que lo hizo en 1984 como compañera de fórmula de Walter Mondale. Si bien su historial es discreto, los detalles de su vida personal no lo son. La reina de belleza está casada desde hace 20 años con un nativo de Alaska, con quien tiene cinco hijos, de los que el mayor es soldado en camino a Irak y el menor —de apenas unos meses— tiene síndrome de Down. Su bien conocida oposición al aborto quedó reflejada en su decisión de tener a ese niño, lo cual la convierte automáticamente en una favorita del movimiento del “derecho a la vida”. Ella es miembro de una iglesia evangélica, la Pentecostal, una de las de mayor crecimiento en EU. No hay que olvidar que los evangélicos son uno de los pilares del voto republicano, y que ven con cierta sospecha o reserva a John McCain. Para muchos analistas, la selección de la señora Palin es una medida desesperada para tratar de atraer el voto femenino, que no favorece a McCain y que podría ser volátil tras la decepción por la derrota de Hillary. Esa sería una apuesta arriesgada, toda vez que para muchas mujeres en EU pesan más sus propios derechos que el género de el o la candidato/a. Otros ven un intento por rejuvenecer la fórmula, aún con el costo de la inexperiencia de Palin y los riesgos de que —por la edad y la salud de McCain— tuviera que ocupar su puesto anticipadamente. Lo único cierto es que McCain sorprendió a propios y extraños, demostrando que a sus 71 años todavía las tiene consigo. O, tal vez, que no. |