¿Qué sabe Juan Camilo Mouriño de seguridad pública y seguridad nacional? Poco o quizá nada. Y sin embargo, el secretario de Gobernación se ha convertido en la cara y la cabeza del gobierno de Calderón para enfrentar la crisis de seguridad que vive el país. No pasa día sin que el secretario aparezca en los medios, radio, tv o prensa, para dar una declaración, anunciar presuntas acciones o leer un rimbombante discurso sobre “la estrategia de largo alcance” del gobierno. Economista de profesión, conocido por la frivolidad que le caracteriza y de la que hace gala públicamente, Juan Camilo ha encontrado en el drama de la inseguridad que padecemos todos una atractiva veta para reposicionar su imagen, dañada desde el escándalo por tráfico de influencias “legal” de los contratos de sus empresas familiares con Pemex, que firmó siendo legislador y funcionario del gabinete foxista. Los asesores del secretario de Gobernación lo convencieron de que, “en política no hay muertos políticos”, “ni escándalos que duren 100 años”, y que con una buena estrategia de reposicionamiento podía revivir sus aspiraciones. Por eso, tras su desgaste en el tema energético, por su evidente conflicto de intereses, Mouriño buscó en el manual de facultades de la Segob y se enteró de que la emergencia en seguridad pública y nacional estaba entre sus atribuciones. Pero si hacia fuera se percibe a un secretario inexperto e improvisando, ¿cómo lo percibirán adentro, en el gabinete de seguridad que él encabeza? ¿Cómo lo verán tiburones como el procurador Medina Mora o policías como Genaro García Luna? Los militares, ¿qué pensarán cuando acuerdan con él en las frecuentes reuniones del gabinete de seguridad? Una estampa que cuentan podría dar idea de la percepción que genera el hombre con el que el presidente Calderón enfrenta la que sin duda será la peor crisis de su gobierno. La semana pasada hubo, justamente, una reunión del gabinete de seguridad convocada por Mouriño. La cita era para desayunar y tener un encuentro de trabajo posterior al Acuerdo de Seguridad suscrito por el Presidente y los poderes públicos en Palacio Nacional el jueves pasado. Era a las 9 de la mañana. A las 8:15 ya estaba uno de los secretarios convocados esperándolo en la puerta de la dependencia donde sería el encuentro; a las 8:30 apareció otro secretario que se sumó a la espera de la llegada del titular de Gobernación. Y ahí estuvieron largo rato. Pasaron 15, 30, 45 minutos y fue hasta pasadas las 9:30 que apareció, apurado y con ojeras, el secretario convocante. Cuando los problemas de seguridad pública están ahogando al país, al grado de convertirse en cuestión de seguridad nacional, cuando crece como lumbre el coraje y la indignación de los ciudadanos por la sensación de desamparo ante el crimen; cuando hay territorios enteros controlados por el narcotráfico, ajusticiamientos en calles y poblados del país; y cuando cientos de casos de secuestros no resueltos o que terminan en tragedia ponen a las autoridades —todas sin distingo— en el papel de ineficientes y omisos en su obligación de proteger a los ciudadanos, en Los Pinos le siguen apostando a la amistad, a la confianza y la cercanía personal, por encima de la capacidad o la experiencia para enfrentar esta grave crisis. NOTAS INDISCRETAS... En el interminable episodio de Kramer vs. Kramer que vive el PRD, la iniciativa de reforma energética presentada por los perredistas y el FAP vuelve a desatar diferencia dentro del partido de izquierda. En la corriente de Los Chuchos, de entrada, reivindica la autoría de la iniciativa y dice que el texto lo elaboraron ellos con la ayuda de Cuauhtémoc Cárdenas y especialistas en la Fundación para la Democracia. Los de Nueva Izquierda se dicen comprometidos con la propuesta presentada en el Senado y que lucharán “hasta el final” para negociarla con PRI y PAN. Pero cuando se les pregunta si Andrés Manuel López Obrador está en la misma frecuencia, cambian la cara. El tabasqueño, afirman, “está muy radical” y, aunque en la forma dio su apoyo a la propuesta y hasta intentó adjudicarle la redacción al FAP y sus asesores, en el fondo lo que realmente busca AMLO es que se apruebe la iniciativa de Calderón y él tenga puesta la mesa para salir de nuevo a las calles y dar un segundo aire a su “resistencia pacífica”. Incluso, Los Chuchos ya hacen cuenta de cuántos diputados y senadores seguirían a López Obrador “hasta el ridículo” y afirman que no pasan de 40… Se detienen los dados. Escalera doble. |