Y el giro tiene lugar en un momento no tan anticipado. En el último mes muchos demócratas han tenido la dañina sensación de que una vez más su candidato está peleando con cuchillo en una balacera. De manera inexplicable, la campaña de Barack Obama no estaba preparada para el inevitable ataque personal republicano contra su candidato. A mediados de la semana pasada, el liderazgo del que alguna vez disfrutara Obama tanto en las encuestas nacionales como en las proyecciones del colegio electoral y que estaban basadas en encuestas a nivel estatal, prácticamente se evaporó. La mermada ventaja de Obama reavivó un mal recuerdo de la campaña de 2004, cuya lección clave fue que no existen límites en lo que respecta a las formas que pueden tomar los ataques personales del viejo gran partido (GOP por sus siglas en inglés). Se podría pensar, por ejemplo, que un partido que afirma apoyar al ejército se rehusaría a atacar los antecedentes militares de un héroe de guerra; sin embargo, en 2004 las mentiras del grupo Veteranos de Lanchas Rápidas por la Verdad (conocido en inglés como Swift-boat) fueron adoptadas con gran entusiasmo por activistas republicanos y contribuyeron a neutralizar la ventaja que se suponía obtendría John Kerry gracias a su biografía. Y se podría pensar que un partido comprometido con los recortes fiscales para los adinerados, un partido que de forma rutinaria castiga a quienes emprenden una “lucha de clases”, se rehusaría a atacar a un demócrata por su riqueza. Sin embargo, la cruda envidia de clase jugó un importante papel en los ataques contra Kerry, a quien Rush Limbaugh describió en repetidas ocasiones como un gigoló con “una esposa hija de papi” y al parecer los partidarios del Partido Republicano no experimentaron disonancia cognitiva alguna. Por lo tanto, era de esperarse que Obama se convertiría en el receptor de un supremo ataque personal, en su mayor parte absurdo: no es estadounidense porque se va de vacaciones a Hawai, ¿donde vive su abuela? También era previsible que responder a esto repitiendo lo grandioso que es el candidato o calificando de injustos los ataques resultaría infructuoso. Así que ahora la campaña de Obama respondió con su propio ataque personal. ¿Es justo atacar a McCain por tener demasiadas casas? En un mundo ideal, los políticos serían juzgados por sus acciones, no por su riqueza o falta de la misma. Franklin Delano Roosevelt nació en una familia adinerada, pero eso no le impidió hacer más que cualquier otro presidente por los estadounidenses trabajadores. En cambio, la historia de vida marginal de Joseph Biden, aunque inspiradora, no le impidió apoyar el detestable proyecto de ley de bancarrota, promulgada en 2005. Sin embargo, en el mundo en el que vivimos actualmente, los republicanos partidarios de las empresas privadas y contribuyentes de la creciente desigualdad afirman que deberíamos votar por ellos, porque son hombres comunes y corrientes con los que nos gustaría tomar una cerveza, mientras que los demócratas que quieren incrementar los impuestos a los que más ganan, extender los servicios de salud y aumentar el salario mínimo son elitistas estirados. Y en ese mundo, dejando a un lado la fachada de hombre común y corriente, es justo señalar que todo lo que dijo Rush Limbaugh sobre Kerry se aplica de igual modo a McCain, y que McCain vive en un mundo material que pocos estadounidenses se pueden imaginar. Sí, Obama pasa sus vacaciones en Hawai... y Cindy McCain dice que “en Arizona, la única manera de desplazarse en el estado es en un pequeño avión privado”. El berrido de los sospechosos comunes demuestra de qué forma ha preocupado el contraataque de Obama al GOP. En 2004 Fox News describió a John Kerry como “uno de los ricos” con “esposa multimillonaria”; ahora cuestiona si poner en la mesa el tema de las casas de McCain representa “un golpe al sueño americano”. Y la campaña de McCain, luego de que al principio masculló algo sobre la manera en la que Obama come rúcula, rápidamente recurrió a una respuesta utilizada como “comodín”: no se puede criticar al candidato sólo porque es un ex prisionero de guerra. Tal vez la campaña tiene la esperanza que la gente de Obama emprenderá una retirada reflexiva, de la misma manera en que lo hizo cuando Wesley Clark planteó con toda razón que haber sido un ex prisionero de guerra, aunque te convierte en héroe, no necesariamente te califica para convertirte en presidente. Suponiendo que la campaña de Obama no se ha amedrentado por lo del tema del ex prisionero de guerra ¿realmente podría salir victorioso en un intercambio de ataques personales? Probablemente no, pero no tiene por qué. El factor central de las elecciones de este año es que los votantes están cansados del gobierno republicano. La única manera en la que McCain puede ganar la carrera presidencial es si ésta se convierte en una competencia de personalidades más que de partidos y si su campaña logra infundir en los votantes la percepción de que Obama es un personaje sospechoso mientras que McCain es un todo un caballero. Por otro lado, la campaña de Obama no necesita convencer a los votantes de que él es el mejor candidato de todos los tiempos o de que McCain es un villano. Y todo lo que tiene que hacer es deslustrar lo suficiente la imagen de McCain para que los votantes se den cuenta de que ésta es una carrera entre un demócrata y un republicano. Y ésa es una carrera que el demócrata ganará fácilmente. |