La primera vez que escuché algo así, fue muy chavito, varios compas fuimos a visitar de Tepito a la colonia Guerrero a un cuate que se había cambiado a la calle de Mina; estuvimos cotorreando con él en el zaguán de donde vivía, de pronto llegaron dos agentes de la policía con cara de mal pescado, entraron al consultorio que había adelante, nuestro cuate nos dijo que ahí practicaban abortos y los tiras iban por su lana. Otra vez, en Tepito, un cuate mío tenía cara de espantado al lado su chava, los dos de 16 años, necesitaba ayuda; nos contó que un doctor le sacó un buen lingote por hacerle un trabajito a su chava, y cada semana le habían dado dinero, no querían que sus jefes se enteraran de la bronca; pero cuando terminaron de pagar, el médico les dijo que ya no lo hacía. Tuvieron un niñito, no duraron como pareja; cada quien, años después, hizo su vida con otra persona. Otra vez, en la Morelos, había baile en la calle Panaderos, tocaba el sonido La Changa, cuando se escucha la sirena de una ambulancia; los bailarines le abren paso a la Cruz Roja, los paramédicos entran a una de las vecindades, se calla la música, sacaron a una chava ensangrentada de su ropa. Luego se contaría que se había provocado un aborto con no sé que yerbas. A ella no se le volvió a ver. Sólo se decía que en colonias como la Del Valle había lugares donde los doctores practicaban el aborto con unas máquinas que eran como aspiradoras y cobraban un súper billete. Otra vez, ya más grande, platicando con una chava, me dijo que no podía tener hijos, le habían practicado un legrado por la colonia Doctores, se lo hicieron mal. Y así, iba uno creciendo como en un campo minado, haciéndole preguntas a la vida, sin leyes adecuadas y sin respuestas informadas, ni en la escuela, ni en ningún libro, programa de radio o de tele; como cuando a varios cuates nos entró la curiosidad de los condones mientras veíamos el desfile de las chavas, contoneándose por las calles de La Merced ofreciendo sus encantos, estábamos temerosos de sacarnos un premio millonario, como nos lo advirtió un maistro hojalatero: escuincles calientes, métanse con esas chavas y van a sacarse un premio millonario. Y los mensos preguntándole: ¿cómo un premio? Y el maistro: sí, unas inyecciones millonarias en penicilina. Digo, eran otros tiempos, qué tanto es tantito. |