“Yo soy vampiro, me gusta nutrirme de todo: de la gente que está a mi alrededor, aprender y aplicar lo que aprendo en lo que hago”Vestido con un overol sucio, como debe ser, está Héctor de Anda en la avenida Gabriel Mancera. Digo que sucio como debe ser porque este artista mexicano está desde el 7 de julio trabajando en la calle. Especifico: “interviene” —lo pinta, se lo apropia— un muro de 3.50 metros de alto por 24 metros de largo que cubre la fachada de una construcción. De Anda (Lagos de Moreno, Jalisco, 1950) es un artista multifacético. Un “vampiro” como él dice, porque se nutre de todo. Desde 1982 se define como “artista plástico” pero ha estado relacionado con el arte desde hace mucho más tiempo, aun bajo otros “disfraces”, digamos: como actor de teatro profesional y universitario. Como modelo masculino para Christian Dior, Pierre Cardin, Hermés... Luego como editor de moda durante 14 años en la revista Vogue, como director de imagen en TV Azteca, como ceramista y artista plástico. Y bueno, como lo que se le pueda ocurrir después… que él no se limita. El ruido del tráfico sobre Gabriel Mancera 718, entre Eugenia y Concepción Béistegui, en la colonia Del Valle, acompaña la entrevista. Él mira su obra —la parte que ya está terminada, la mitad— y comenta que está resolviendo cómo se la va a llevar… tiene que hacerlo porque ya pronto terminarán la construcción, alguien la habitará. Esto es una obra viva. Durante poco más de un mes su vitrina ha sido la calle, pero él tiene que acabarla en otro lugar y luego exhibirla. Le gustaría que fuera en el Museo de la Ciudad o en Estación Indianilla. Todo comenzó a finales de junio cuando pasó por ahí y le gustó el muro hecho de pedacería de madera, de materiales reciclados, como su obra. Hizo un proyecto y lo presentó a Central de Arquitectura. Se lo aceptaron casi de inmediato y comenzó. —Trabajar en la calle es muy interesante. Desde estar expuesto al aire libre y la luz directa hasta la gente que pasa. Los tacos de canasta que, como ves, están aquí en plena acción. La pasada de los coches, los ruidos, claxonazos, la llegada de los camiones de materiales. Es la vida. Eres parte de. En general, ha habido una muy buena reacción: “no se lo lleven, no lo quiten, déjenlo ahí…” La pared tiene al menos 10 capas de pintura. O fases, como dice él. Si uno ve de cerca el trabajo, ve que está integrado de muchas cosas: por ahí hay alambres, pedazos de periódico y revistas, un pedazo de metal. Es una obra casi cubista que hace un todo. Héctor explica por qué: “Yo soy vampiro, me gusta nutrirme de todo: de la gente que está a mi alrededor, aprender y aplicar lo que aprendo en lo que hago, en mi trabajo en mi vida cotidiana”. Esta es la obra más grande que ha hecho. Aunque si uno suma los 100 espectaculares que también intervino en la ciudad de México, declarándolos, a lo Marcel Duchamp, obras de arte, no lo sería. Pero sí ha sido una obra intensa, de tiempo completo. De Anda pinta desde 1981. Aunque siempre ha dibujado tardó en “tomarse en serio”, como él dice. Siempre rodeado de amigos escritores, pintores, fotógrafos, directores de cine, le daba pudor decir que pintaba. Así, después de terminar una etapa de su vida, decidió comenzar a hacerlo, a explorar técnicas con la sola intención de hacer lo que quería. Hizo cerámica. Y máscaras y arte-objeto, cajas… “Un día llegó alguien y me dijo: ‘Esto lo vas a exponer’… ‘Nooo, cómo crees’, contesté yo. ‘Esto es una estafa, si son cosas que hice para divertirme’…” Total que aceptó. Con la buena suerte de que su primera exposición, Entre máscaras anda, hecha en La Galería en Valle de Bravo, tuvo mucho éxito. Estaba sorprendido, preocupado, emocionado. De pronto se dio cuenta de que todo iba en serio. Y ya no lo dejó. A eso han seguido, en estos años, más de 20 exposiciones individuales y 46 exposiciones colectivas lo mismo en Mérida que en Holanda. Que en Guanajuato que San Antonio. En el DF y España. Le pregunto qué es ser artista: “Es un don, un regalo. Una forma de expresar todas tus emociones, de proyectarlas, de provocar en otro una respuesta, una emoción. En muchas etapas de mi vida y en distintos trabajos he logrado provocar emociones Para bien y para mal, pero no ha pasado desapercibido lo que he hecho. Ni como modelo ni como actor, como editor de moda y ahora como artista. Me dejo llevar en la corriente de mi cerebro por mis emociones. Soy más visceral e intuitivo”. A Héctor le gustaría ver más artistas como él interviniendo cosas en la ciudad. Sería algo enriquecedor para los artistas, para la ciudad, para el ambiente plástico y para todos los que vivimos en las ciudades. Y bueno, no descarta iniciar otra etapa de su carrera algún día: contar la historia de su familia, de sus seis hermanos y sus padres. No lo dudo. . |