El mercado Cartagena tiene prosapia, no por nada se encuentra en Tacubaya, en las tierras de Javier Solís, Finito Rosales y dos que tres de la Maldita Vecindad.
Este mercado oficialmente tiene el nombre de un ingeniero de apellido Manterola, pero lo chido no es eso, sino cómo con el tiempo muchos locales de este mercado público han ido cambiando su giro sin que las autoridades hayan pegado de gritos; y después de varios años, en su interior, hay más de 20 estéticas con el glamour del tubo de luz de neón morada y los espejos que se multiplican para repetir los rostros de los galanes y reproducen la belleza de las damitas que le caen al mercado para darse una manita de gato.
Ahora que para lucirse los bromistas de las estéticas tienen en algunas sillas unos changos bien peludos, unos muñecos grandes, para recordarle que usted es pariente del Pitecantropus Erectus, y que estas estéticas están “para lo que se le ofrezca, joven”.
Ahí las y los estilistas hacen gala de su habilidad con la tijera para cortarle los rulos y dejarlo como puercoespín, que es el estilito que todos los jóvenes usan, claro, algunos con rayitos de solecito, y las damitas también piden el corte a la “trasquílame manito para andar a la moda”, y los manitos a darle con singular entusiasmo al tijeretazo artístico.
Pero no crea que al mercado Cartagena le llegan poquitos clientes para darle una retocadita a su pelos de elote, no, llegan un buen, es más, hay bancas para esperar su turno y no sólo son de la hermosa Tacubaya, en alguna época territorio de Los Panchitos, también arriban, me cai, de pueblos del Edomex como San Bartolo Tianguistenco o de delegaciones como Azcapotzalco.
Y es que en estos locales herederos de El Rizo de Oro, la peluquería de don Reginito Burrón, se lucen para dejar a los clientes listos para la fiesta de XV años o para que se luzcan como padrinos de la boda de su cuate del alma o simplemente para ir a trabajar de pipa y guante y escupiendo de lado, que hacen exclamar al galán cuando su reina quiere acariciarle el pelo: “Con cuidado mi muñeca, porque el gel es del fino y te puedes enmantecar”.
¿A poco creen que nada más las estéticas muy pirrurris tiene derecho a embellecer a la gente?, no, aquí el mercado le pone caché a su persona.
Y usted se preguntará: ¿que los mercados públicos no eran para otra cosa? Pues sí, pero los centros comerciales los están desapareciendo, y los locatarios se han puesto buzos y han ido cambiando sus giros de acuerdos a los servicios que necesita la gente, porque camarón que se duerme se lo lleva la modernización, y qué más modernos que estéticas y boutiques, digo, en Tacubaya desde hace años lo han hecho, digo, ¿quiere una rapada del dos? Total, qué tanto es tantito.
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