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México D.F., a 13 de agosto de 2008 | 9:05 AM

Paul Krugman
Mirada al mundo
13 de agosto de 2008
Política de ignorantes

Así que el Partido Republicano encontró su tema principal para las elecciones de 2008. Durante los próximos tres meses el partido planea corear la consigna: “¡Perforen aquí! ¡Perforen ahora!”

“¡Perforen aquí! ¡Perforen ahora! ¡Cuatro patas, sí, dos patas, no!” Bueno, añadí esa última parte.

Y el debate sobre política energética me ha ayudado a encontrar las palabras para algo que he estado pensando desde hace tiempo: los republicanos, alguna vez aclamados como “el partido de las ideas”, se han convertido en el partido de la estupidez.

Con esto no quiero decir que todos los políticos del Viejo Gran Partido (GOP, por sus siglas en inglés) sean, en promedio, más tontos que sus contrapartes demócratas. Y ciertamente tampoco pretendo cuestionar la sapiencia a menudo aterradora de los operadores políticos republicanos.

Más bien, lo que quiero decir es que el “ignorantismo” —la insistencia en que para todos los problemas existen respuestas simples, definitivas e instantáneamente gratificantes, y que cualquiera que sugiera algo distinto tiene algo de afeminado y débil— se ha convertido en el núcleo de las políticas públicas y la estrategia política republicana. El eslogan de facto del partido es hoy: “Los hombres verdaderos no analizan las cosas”.

En el caso del petróleo, esto se traduce en pretender que más perforación produciría un alivio rápido en el precio de la gasolina. De hecho, a principios de esta semana los republicanos en el Congreso se atribuyeron el crédito por la reciente caída en los precios del petróleo: “El mercado está respondiendo al hecho de que estamos aquí hablando”, dijo el representante John Shadegg.

¿Y qué hay con los expertos del Departamento de Energía que dicen que las perforaciones en el mar tardarían años en producir petróleo, y que incluso entonces el efecto sobre los precios de la gasolina sería “insignificante”? Aparentemente son un puñado de debiluchos, probablemente demócratas, pues los demócratas, según lo aseguró la legisladora del GOP, Michele Bachmann, “quieren que los estadounidenses se muden a los núcleos urbanos, vivan en casuchas y tomen el tren ligero para ir a sus trabajos en el gobierno”.

¿Es este ardid político demasiado tonto como para tener éxito? No cuente con ello.

Recuerde como se “vendió” la guerra en Irak. Todas esas cosas sobre tubos de aluminio y nubes de hongo fueron simplemente una pantalla. El principal argumento político fue “nos atacaron y vamos a responder el ataque”, y cualquiera que intentara destacar que Saddam y Osama no eran la misma persona era un débil snob que odiaba a Estados Unidos, y probablemente tenía aspecto francés.

Tampoco olvidemos los años en que el presidente Bush fue objeto de un culto a la personalidad que lo convirtió en un Forrest Gump del mundo real, un hombre sencillo que prevalecía gracias a sus instintos y su superioridad moral. “Bush encarna el triunfo del que parece ser el hombre estadounidense promedio”, escribió Peggy Noonan en The Wall Street Journal en 2004. “No es un intelectual. Los intelectuales inician todos los problemas del mundo”.

Y no fue sino hasta el huracán Katrina cuando el culto comenzó a desaparecer, debido a que el “gran trabajo” realizado por el hombre que, según Noonan, “correría a ayudar si hubiera un incendio en la cuadra”, puso al descubierto los verdaderos costos del total abandono.

Lo que es peor, la política de la estupidez no sólo atrajo a los escasamente informados. Tome en cuenta que los miembros de las élites políticas y de los medios estaban más a favor de la guerra que el público en general en el otoño de 2002, a pesar de que la fragilidad de los argumentos para invadir Irak debió haber sido mucho más evidente para quienes seguían de cerca el problema que para el votante promedio.

¿Por qué se radicalizaron las élites? Bueno, escuché a algunas personas expresar en privado el argumento que algunos comentaristas influyentes ofrecieron en público: que la guerra era una buena idea no porque Irak representara una verdadera amenaza, sino porque apalear a alguien en Medio Oriente, sin importar quién, le mostraría a los musulmanes que estábamos hablando en serio. En otras palabras, incluso hombres supuestamente inteligentes se creyeron la idea de que presentarse como “macho” era una política.

Todo esto quedó en el pasado. No obstante, la situación del debate sobre energía muestra que los republicanos, a pesar del desplome de Bush a niveles récord de impopularidad y de su derrota en 2006, siguen pensando que su política de “ignorantismo” funciona.

Y quizá tengan razón. Resulta triste decir que la actual campaña de “perforar y quemar” está obteniendo cierta fuerza. De acuerdo con una encuesta reciente, 69% de los estadounidenses actualmente apoyan extender la exploración petrolera a ultramar, y 51% creen que eliminar las restricciones a la perforación reduciría los costos de la gasolina en el transcurso de un año.

Los avances que están logrando los republicanos con este asunto no evitarán que los demócratas amplíen su mayoría en el Congreso, pero quizá limiten sus triunfos y posiblemente podrían inclinar la elección presidencial, que según las encuestas es una contienda mucho más cerrada.

De cualquier manera, recuerde esto la próxima vez que alguien haga un llamado a poner fin al partidismo, a trabajar juntos para resolver los problemas del país. Eso no va a suceder. No mientras uno de los dos grandes partidos de Estados Unidos crea que, tratándose de política, la estupidez es la mejor política.

  Acerca del autor

Sin duda, uno de los economistas más destacados del mundo. Autor de más de 18 libros y columnista estrella del New York Times, ha pasado toda su vida académica investigando y dando clases en Yale, Stanford, MIT y actualmente Princeton. Krugman escribe, según sus propias palabras, para incomodar a la gente. "Si una columna no genera inquietud al leerla, entonces el autor ha malgastado el espacio. Esto es particulamente cierto en economía, donde todos tienen fuertes puntos de vista, pero pocos se detienen a reflexionar sobre ellos".

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