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México D.F., a 8 de agosto de 2008 | 2:07 AM

Juan María Alponte
México y el mundo
08 de agosto de 2008
China ante los Juegos Olímpicos


En 1973, Alain Peyrefitte, notable investigador francés, publicó un libro con este título: Quand la Chine s’eveillerá. Su profecía se ha cumplido: “China se ha despertado”.

Segundo exportador del mundo y, pronto, el primero (Estados Unidos es ya el tercero), ocupa un espacio decisivo en la nueva correlación de fuerzas del mundo. A los 97 años de la fundación de la primera República China por Sun-Yat-Sen en 1911; a los 59 años de la creación por Mao de la República Popular China en 1949; a los 32 años de la muerte de Mao el 9 de septiembre de 1976, el cambio es inmenso.

El problema de la integración en el universo de los derechos humanos, tal como los vive Occidente, constituye un dilema a resolver y el Tíbet, con el Dalai Lama, elevan la sombra del Himalaya a una interrogación mundial: ¿Puede someterse a los atletas al silencio? Si callan hoy hablarán después. La vida es riesgo.

El cuadro, simple y simbólico que he diseñado antes, representa una de las grandes mutaciones del mundo. Sun-Yat-Sen derribó una monarquía milenaria y llevó el país a una nueva hipótesis: los “tres principios del pueblo”: nacionalismo, democracia y socialismo. Su partido, el Kuomintag (Partido Nacional del Pueblo) aspiró a integrar la burguesía moderna y urbana. En 1913, en el cuadro de la guerra civil, Sun-Yat-Sen pasó a la clandestinidad. Los viejos “señores de la guerra” se impusieron. Se refugió en Cantón, donde creó un gobierno con aspiraciones “democráticas” entre 1917 y 1925, año en que muere. Su sucesor en el partido fue Chiang-Kai-Chek. Conquistó el norte a los señores de la guerra y en 1927 liquidó los cuadros comunistas en Shanghai. Fue una nueva guerra civil incesante.

Chu-En-Lai, nieto de mandarines, instalado en París en 1920, activará en Francia el Partido Comunista Chino y se convierte en un líder que, contrariamente a Mao, pertenecía a las clases de la élite histórica. Yo pregunté a Chu-En-Lai, camino de Tachai, en un tren, aún prehistórico, “cómo se escapó, en Shanghai, del golpe militar de Chiang-Kai-Ckek”. En su cara, hermética, se cruzó la violencia del pasado. Me dijo, en francés, sonriente: “Escapé por las alcantarillas”.

Inmensas contradicciones. Japón invadió China. Moscú insiste en la unión del Partido Comunista y el Kuomintag. Mao impone, en el partido, la posición contraria.

En 1927, cercado por Chiang-Kai-Chek, se refugia en el Kiangsi (donde funda la primera república comunista) e inicia, huyente, desde allí, la “larga marcha” hasta las montañas o cuevas del Yenan. En el Yenan se forja la leyenda de Mao y madura su proyecto político. Desde el Yenan ganará las batallas históricas a Chiang-Kai-Chek y en 1949 funda la República Popular. El ejército de Chian-Kai-Chek, bajo la protección de la flota de EU, se refugia en Taiwán que, asombrosamente, ha generado también una gran riqueza.

Chu-En-Lai se mantendría en el poder, al lado de Mao, impávido e indispensable hasta su muerte. Fue el gran sobreviviente de las luchas por el poder, incluida la gigantesca “represión reformadora” de la Revolución Cultural de los 60. Mao, teórico, poeta, hijo de la tierra campesina, superó a Sun-Yat-Sen y a Chiang-Kai-Chek. Su leyenda es el Yenan. Un norteamericano, amigo suyo, Edgar Snow (Red star over China) le ayudó a construirla. Así es la vida.

Hoy los nuevos tecnócratas chinos, dueños de la mayor reserva monetaria del mundo, intentan lo que no pudo Gorbachov: hacer la Revolución Científico-Tecnológica sin liquidar el Partido Comunista que ha incorporado, la ola creciente de los multimillonarios chinos, al partido. Los Juegos Olímpicos, más que el Tíbet, las explosiones sociales y la contaminación, colocan al régimen ante su prueba: la prueba de 1989: la plaza, sagrada, de Tian-An-Men.

  Acerca del autor
email:juan.alponte@eluniversal.com.mx alponte@prodigy.net.mx

Profesor titular de la FCPyS de la UNAM, escritor y periodista. Ha colaborado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha escrito 37 libros, entre los que destacan Retrato de una Familia Babélica; las biografías de Colón y Lenin; Historias en la Tierra y Los Liberadores de la Conciencia.

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