Los terribles acontecimientos de hace unos días en que se confirmó el asesinato del joven secuestrado de 14 años Fernando Martí y de sus acompañantes Cristian Salmones y Jorge Palma, son infinitamente tristes para las tres familias y ominosos sobre las posibilidades de desarrollo del país. La incapacidad de la sociedad mexicana de impedir este tipo de delitos violentos e injustos pone en duda la viabilidad de la modernización de México. No se lograrán el desarrollo ni la superación de la pobreza hasta que la sociedad no permita, respete, promueva y proteja el éxito. Más aún, uno de los aspectos más preocupantes es que estos hechos no generan el nivel de indignación y movilización que se observa en tantas otras latitudes y que son indispensables para enfrentar la inseguridad y la violencia. Con los acontecimientos recientes, la historia de esta empresa puede pasar de paradigmática de la transformación de la economía a ejemplo de por qué no valen la pena el esfuerzo, la dedicación y la inversión en México. Deportes Martí empezó con una tienda de deportes en Plaza Universidad en la ciudad de México en 1969 para llegar a contar en 2008 con una cadena de 67 tiendas de siete tipos en 16 estados, 10 centros de entrenamiento y 28 Sport City. Este crecimiento es consecuencia de atinadas decisiones empresariales y de compromisos de inversión, entre los que destacan: —Vencer las crisis macroeconómicas recurrentes. Martí no sólo pudo solventar las de 1976, 1982, 1987 y 1994-95, sino recuperarse y resumir la expansión. Esto a pesar de pertenecer a un sector altamente sensible a los recortes de gasto en casos de crisis. —Decidir que es más rentable acercarse al consumidor y entender e influir sus preferencias que esperar que él viniera y venderle lo que se producía. Lo más fácil hubiera sido buscar un nicho en la calle de Venustiano Carranza en el centro de la ciudad de México y no en Plaza Universidad, y ofrecer la limitada gama de productos existentes. La apuesta de Martí fue la acertada: la descentralización de la ubicación y la variedad y calidad de los productos. —Identificar al crecimiento de la clase media como principal motor para la expansión del mercado. Haber tenido la visión de que el consumidor mexicano gastaría en artículos deportivos en 1969 era novedoso. Muchos analistas hubieran pensado que una tienda especializada de deportes fuera de Venustiano Carranza tendría pocas posibilidades de éxito. Se consideraba que Deportes Martí dependía de una pequeña clientela de élite dispuesta a comprar raquetas de tenis, palos de golf, mesas de ping pong, kayaks, artículos de campamento y montañismo, aparatos de gimnasia. La presencia de tiendas en Ecatepec, Lerma, Chalco, Coacalco, Cuautitlán y muchos otros municipios prueban el acierto de su visión. —Beneficiarse de la apertura económica y ofrecer productos de alta calidad para un consumidor cada vez más exigente. —Promover la práctica del deporte y una vida sana. —Invertir cuantiosos recursos en el establecimiento de una sólida marca y convertirla en una de las más valiosas en su género, al tiempo que apostaba por la modernización de los sistemas de comercio, la logística, el diseño de tiendas, el manejo de inventarios y la satisfacción del consumidor para la generación de valor. —Mantener una posición de liderazgo en tiendas de deportes y gimnasios contra competidores nacionales y extranjeros. Hace apenas unos meses, Alejandro Martí decidió vender la totalidad de sus acciones por una importante suma a la familia Harp y cosechar los muchos años de esfuerzo y compromiso y promover todavía un mayor crecimiento para Deportes Martí. Poco tiempo después, Fernando, su hijo, fue secuestrado y asesinado. Eventos vergonzosos como éste no son extraños a los mexicanos de todas las clases sociales. Con frecuencia sufren el robo de sus quincenas, asaltos en la calle y transporte público, secuestros, extorsión, corrupción pública, invasiones de tierras, expropiaciones sin justicia, competencia desleal, torpes operaciones en discotecas. Los gobiernos no respetan y hacen poco para que se respeten sus derechos de propiedad. No es casualidad entonces que numerosos prefieran no invertir aquí sus recursos y su esfuerzo o decidan mejor hacerlo en otros países donde el éxito sí es apreciado y respetado. Mientras, la clase política se concentra en sus asuntos mezquinos y movimientos tácticos. Sin mayor participación ciudadana ganará la delincuencia. Por eso urge que legisladores, gobernadores, presidentes municipales, delegados, subdelegados, procuradores y quizá hasta jefes de policía se sometan al rigor de la reelección, para lograr el sufragio efectivo. |