Hay muchas razones que nos motivan a visitar tierras desconocidas: la búsqueda de una mejor calidad de vida, trabajo, negocios, curiosidad, diversión, aventura, placer, descanso, reflexión, relajación, aislamiento, fuga geográfica. Estas travesías nos brindan experiencias que transforman nuestra visión del mundo, algunas más afortunadas que otras, pero lo mismo en las alegres como en las no tanto, aprendemos algo, pues nos revelan lo que somos o no capaces de superar; lo importante es meditar acerca de lo que aprendimos. Hoy en día, la situación financiera familiar exige mucho esfuerzo, pensar en lujos es irresponsable cuando hay que pagar las colegiaturas de los hijos. A pesar de eso, es posible fomentar la convivencia con tus seres queridos sin gastar mucho dinero, un ejemplo rápido: apaga el celular e inventa un campamento en tu casa. En tiempos antiguos no había motocicletas, coches y mucho menos aviones pero, aun así, la gente recorría distancias kilométricas en burro, camello o elefante. América fue descubierta por un navegante soñador que prometió a los reyes regresar con una ruta más corta para acceder al Oriente lleno de misterios y riquezas, y así los convenció para que le pagaran la expedición completa; le fue difícil sobrevivir en medio del océano, pero valió la pena porque así descubrió todo un nuevo mundo. ¿Qué tipo de viajero eres? Algunas personas viajan porque su empleo se los exige y tienen poco tiempo para recorrer los sitios turísticos del área que visitan. En ocasiones van a la playa y en lugar de traje de baño, tienen que llevar corbata y saco. Hay quienes prefieren no salir de su país ni acostumbran salir a ciudades aledañas. Otros no pueden permanecer en un solo destino y necesitan desplazarse constantemente, como los nómadas o gitanos. Personas más solitarias eligen destinos como el desierto, el campo y las montañas para gozar de periodos de silencio y reflexión. A otros les gusta lo contrario: la comodidad, la buena comida y bebida, la fiesta, y no tomar riesgos que consideran innecesarios; sus viajes son de placer, sin más propósito que descansar y divertirse. Hay viajes introspectivos y otros en los que buscamos olvidarnos de quiénes somos. Si tu travesía exige un medio de transporte y no quieres viajar solo, entonces asegúrate de que tu compañero sea alguien adaptable, positivo y que no tenga miedo a lo desconocido. Antes de pensar en un destino accesible a tus posibilidades, asegúrate de no dejar pendientes antes de partir; así podrás disfrutar plenamente tu regreso. Exporta tus problemas y trae contigo las ganas de comenzar de nuevo. La vida misma es un viaje redondo, sólo que Dios, y no tú, marca la fecha de regreso a casa. Disfruta tu estancia en el cuerpo que te ha tocado; ese es tu destino, aprender a conocerte mejor. lahojaenblanco@gmail.com |