¿Así que usted cree, apreciado lector, que Barack Obama va a ganar cómodamente la Presidencia de Estados Unidos porque es joven, diferente y representa el cambio tras ocho años de fiasco republicano? ¿Está acaso convencido de que John McCain se impondrá porque es un héroe de guerra, blanco, de apariencia y nombre “normales” y con más experiencia?Le tengo una noticia: el futuro de la democracia más próspera del mundo se encuentra en manos de los votantes de unos pocos estados, en unos pocos distritos, en uno que otro condado, y nadie sabe a ciencia cierta lo que va a pasar en ellos. Las encuestas nos pintan un panorama subjetivo que depende del estado de ánimo particular y del momento, como una fotografía que nos pesca sonrientes o meditabundos, distraídos o concentrados, que refleja sólo ese instante y que no puede capturar el entorno, ni tampoco las incertidumbres y más profundas dudas del posible votante. Lo que los sondeos nos dicen a estas alturas de la contienda es que Barack Obama y John McCain van muy, pero muy pegados, pero las encuestas que leemos regularmente se refieren a la intención de voto general, no al de cada estado que es en donde a fin de cuentas se decidirá la elección, porque como lo dije abundantemente en mi artículo del viernes pasado, en Estados Unidos no cuenta sólo el ganador del voto popular absoluto sino el total de delegados electorales que cada quien conquiste, mismos que dependen del resultado en cada uno de los 50 estados. Una muy divertida película recién estrenada en EU se plantea el hipotético e improbable pero no imposible escenario de que al final del día de las elecciones todo depende del resultado en un estado (en este caso Nuevo México) y de un condado, en el que un solo voto decidiría al futuro presidente de EU. La cinta, con el muy adecuado título de Swing vote (o voto cambiante, o vacilante, o indeciso) es además de divertida muy ilustrativa, pues nos muestra el absurdo de una democracia en la que todo el esfuerzo se concentra en ganar el voto de una sola persona, y nos da la genial crónica de dos candidatos que se desviven por complacerlo. Eso es lo que sucede hoy en día en Estados Unidos, donde las campañas están enfocadas principalmente en aquellos distritos o condados en los que verdaderamente se puede cambiar el resultado final de un estado u otro. Hay algunas entidades que son ya territorio demócrata y otras que son consideradas firmemente republicanas, en las que el esfuerzo que realizan los candidatos es más bien simbólico. La verdadera batalla se libra en los “estados péndulo” o swing states, donde verdaderamente hay competencia. Colorado es uno de ellos, y su principal periódico, el Denver Post, nos regala una excelente reseña de los cinco condados en los que se pueden ganar o perder los nueve votos electorales de la entidad. No puedo, por obvias razones de espacio, entrar al detalle de lo que tan bien describe el Denver Post, pero baste decir aquí que el crisol electoral de ese estado es lo suficientemente complejo como para obligar a los candidatos y a sus equipos de campaña a una suerte de guerra de guerrillas en la que cada interés particular debe ser considerado y tomado en cuenta. La elección estadounidense dependerá más de lo que los candidatos hagan o dejen de hacer en Garfield (no, no es donde vive el famoso gato) o en Glenwood Springs que de lo que hagan o no en Los Ángeles o Nueva York. Como en la mercadotecnia y la publicidad, la atomización de la política ya es un factor determinante en las campañas electorales en EU. ¿Buen o mal augurio para la democracia? Ya lo veremos... |