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México D.F., a 20 de julio de 2008 | 9:05 AM

Jorge Zepeda Patterson
Rehilete
20 de julio de 2008
Espino, Beltrones y Forrest Gump

Nadie puede acusar a Manuel Espino de ser un buen escritor

El texto del ex presidente del PAN es un ajuste de cuentas con su enemigo histórico y con los calderonistas

Nadie puede acusar a Manuel Espino de ser un buen escritor. Pero tampoco de ser cobarde. En Señal de alerta, su libro recién presentado, da muestra de ello. En un texto enredado y de prosa quejumbrosa, el ex presidente del PAN suelta una buena cantidad de “verdadazos” a diestra y siniestra, o mejor dicho, a Camilo Mouriño y a Manlio Fabio Beltrones, los dos hombres más poderosos del régimen.

Si la mitad de lo que acusa a Beltrones es cierto, Espino tendría razón de temer por su seguridad, como lo afirma en su texto. Más de media docena de veces vincula al líder de los senadores del PRI con el narcotráfico y con Amado Carrillo, cuando Beltrones fue gobernador de Sonora.

Sugiere que fue él, Beltrones, quien a la muerte de Colosio se desplazó a Tijuana para encerrarse dos horas con Aburto y conseguir que éste dejara de señalar a Raúl Salinas como el autor del asesinato. Asegura que compró diputados panistas para que aprobaran la cuenta pública de su administración, que utilizó micrófonos para grabarlos, que presionó a los gobernadores y al propio Salinas para que se decidieran a favor de Zedillo en la sucesión, que promovió el pasaporte falso para que Raúl Salinas saliera del país. Además, claro, de atribuirle todos las corruptelas y fraudes propios de cualquier priísta poderoso tradicional.

Para Espino, Beltrones es una especie de Forrest Gump en villano: ha estado en casi todos los momentos decisivos de la historia política nacional reciente, y casi siempre para torcerlos. De allí el título y la portada del libro (un saludo de manos entre Beltrones y Calderón con la banda presidencial). En su opinión, también está torciendo al gobierno del presidente panista.

El senador del PRI los está “chamaqueando”, dice ex líder del PAN. Camilo Mouriño le “vendió” a Calderón la idea de “hacer de Manlio interlocutor único con el PRI” para que el tricolor les diera su apoyo, lo cual simplemente confirma la ingenuidad del secretario de Gobernación, afirma el autor. El resultado es que le están entregando el poder. Manlio se apoderará del Congreso en 2009 y obtendrá para su partido (¿para él mismo?) la Presidencia en 2012.

Esa pretende ser la tesis central del libro. Pero a ratos el texto es simplemente un justificatorio de su paso por la presidencia del PAN (en Sonora, cuando gobernaba Beltrones, y en el país más recientemente), y un ajuste de cuentas con su enemigo histórico y con los calderonistas que lo hicieron a un lado con rudeza innecesaria. Y se lamenta: al abuchearme los panistas enviados por Los Pinos, en mi último acto como presidente del partido, Felipe estaba debilitando no al hombre sino a la institución que también él presidió.

Lo mejor del libro, más allá de que la mayor parte de las revelaciones sobe Beltrones habían sido ventiladas en los medios, son las indiscreciones sobre el propio PAN. La manera en que negoció que varios gobernadores priístas apoyarán a Calderón en contra de López Obrador, por ejemplo. O el hecho de que Mouriño lo hubiese estado grabando clandestinamente aún antes de que tuviera control de Los Pinos. ¿Qué andarán haciendo ahora?, se pregunta.

El desorden del texto y la intensidad de sus rencores debilitan una denuncia mucho más importante: Calderón ha convertido al PAN en un instituto sin autonomía, en un partido de gobierno, como lo era el PRI. Entre eso y la subordinación a Beltrones que describe, el libro no es una “señal de alerta”, sino un “yo acuso” implacable.

  Acerca del autor
email:jzepeda52@aol.com

Economista, sociólogo y columnista político. Fundó la revista Día Siete, distribuida por EL UNIVERSAL, entre otros medios. En Guadalajara, fundó y dirigió los diarios Siglo 21 (1991-1997) y Público (1997-1999). Obtuvo el premio periodístico María Moors Cabot en 1999, otorgado por la Graduate School of Journalism de la Universidad de Columbia. Fue subdirector editorial de EL UNIVERSAL en 2000.

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