La llegada al poder, por tercera vez, de Silvio Berlusconi, ha servido para colocar en primer plano el tema migratorio. Fue un problema central durante las últimas elecciones en Italia. Berlusconi y su partido, que ha contado con la mayoría de los electores, intensificaron su oposición a los inmigrantes e inyectaron en la campaña (en un país atosigado por la inseguridad) una hipótesis bien peligrosa e inaceptable moralmente: la relación mecánica entre inmigración y delincuencia. Definición injusta y demagógica, pero que tiene indudable eco, en casos, en la Europa de los 27. No se aceptan las posiciones más duras de Berlusconi pero el dilema, derivado de esa marea migratoria incontenible, es real. En 2007, la UE (al margen de los comunitarios que circulan libremente) contaba con 18 millones 5 mil 500 inmigrantes. En España, los inmigrantes ya empadronados conforman una cifra considerable: 4.5 millones. Alrededor del 10% de la población total. Magnitudes, a todas luces, impresionantes. En el caso de España y otros países europeos no existen dudas de que el rápido crecimiento de la riqueza se ha debido, sin equívocos, a esa fuerza de trabajo móvil, con bajos salarios, alta explotación y, en casos, sin derechos sociales. Esa realidad es poco eludible y tampoco pueden desconocerse las tensiones, culturales y jurídicas, que aumentan la inseguridad. La extrema derecha ha traspasado el territorio moral del análisis para establecer que “sin papeles” y delincuentes era lo mismo. Falso, pero la multiplicación de las bandas mafiosas de Europa Oriental o rusas han abonado el camino. Los casos de Europa Oriental y Rusia han generado polémica y confrontaciones a todos los niveles. El derrumbe de los muros generó —en el este soviético— el desempleo masivo de fuerzas de seguridad y de poder que tenían indudables conexiones mundiales. La ONU, en uno de sus estudios sobre el narcotráfico (World Drug Report. United Nations International Drug Control Programme) describió el signo de esa desmovilización y de su reorganización, a escala, en sistemas criminales de alta complejidad y eficiencia. Por ejemplo, en ese documento se señalaba que la tradicional mafia Cosa Nostra, en Nueva York, tenía una trama operativa “que comprendía 3 mil ‘soldiers’ individuales en 25 familias, cinco de las cuales en Nueva York”. Las “Triads” asiáticas contaban “con 170 mil personas en el cuadro estructural de una pirámide”. Al analizar el fenómeno del este europeo (el ex bloque) se señalaba lo siguiente: “Cuentan con 3 millones de miembros divididos en 5 mil 700 gangs de los cuales 200 poseen altas estructuras sofisticadas en 29 países y se dedican al tráfico de drogas, materias primas, materiales nucleares y armas. También están envueltos en lavado de dinero, trata de esclavas blancas, etcétera.”. El mundo vive un gigantesco proceso migratorio inseparable de la pobreza. No es una novedad histórica, pero ahora tiene dimensiones mundiales. Los países ricos no crecían, poblacionalmente, pero necesitaban “brazos”. El problema, es decir, la “difícil convivencia”, era “equilibrada” por la “necesidad”. Ahora, con la crisis económica mundial, la catástrofe del sector de la construcción (clara en EU y España) genera un pánico que, Berlusconi, una de las grandes fortunas de Europa, ha manejado utilizando el miedo. Se han rechazado sus proposiciones más intolerables, pero en Europa existe, en estos momentos, una creciente tendencia en favor del endurecimiento antiinmigratorio. La hipocresía habla de las “mafias externas”. No se denuncian las mafias oligárquicas internas que usaron la inmigración cuando se crecía de forma equivocada y, ahora, cuando hay que encarrillar el proceso, se encuentra el “chivo expiatorio”. Dura crisis en perspectiva. |