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México D.F., a 17 de julio de 2008 | 9:05 AM

Juan María Alponte
México y el mundo
17 de julio de 2008
España: ¿“refundación” de Izquierda Unida?


En la noche misma de las últimas elecciones españolas —memorables porque en el minuto mismo de la emisión del último voto sin una sola discusión, todos los partidos aceptaron los resultados—, el coordinador de Izquierda Unida, ex Partido Comunista y Socialista de izquierda, prácticamente liquidada, asumió los hechos. Dimitió en el acto. Uno de sus compañeros dijo que “antes de las elecciones, cabían en un taxi y después en una moto”.

No hubo una sola duda. El discurso casi teológico de Izquierda Unida aceptó la verdad de las urnas. El país, los ciudadanos, no acompañaban su proposición.

Después, su ex coordinador, Llamazares, replanteó el cuestionario desde un nivel fascinante de autocrítica. Leo en la prensa española sus palabras respecto al rotundo fracaso electoral: “Conocemos mal nuestra sociedad y sus demandas. Resulta simplemente carente de crédito una organización que sólo transmite tensiones internas”. Habla, en fin, de realizar una “refundación”.

Con ese término regresa al pasado, no al porvenir. Esa palabra, “refundación”, la eligió el Partido Comunista italiano para recuperar, después del derrumbe de los muros en 1989, una nueva proyección. Fracasó, en Italia, de una manera dramática y por las mismas causas, décadas después, no encontrara, a los votantes, esa “refundación”, en España.

En Italia el Partido Comunista llegó a contar, como en Francia, con una cuarta parte del electorado. Partidos de masas. En los años 70 de Italia la coalición histórica, después del fascismo, es decir, democracia cristiana, republicanos y socialdemócratas, generó un sistema de corrupción estable que terminaba, siempre, en gobiernos de un año. Se vivía siempre comenzando. Ante ello la democracia cristiana optó por una coalición más verdadera: el acuerdo con el Partido Socialista.

Ese proyecto naufragó ante el avance, claro, de otra opción electoral: la del Partido Comunista. Su máximo dirigente en ese tiempo, Berlinguer, ofreció “el compromiso histórico”, es decir, la coalición con la democracia cristiana en razón de que se trataba de los dos partidos más votados. En ese momento histórico llegué yo a Roma con un equipo de televisión del canal 2. Se estaba, entonces, en el mundo. Había concertado con Améndola, una figura del Partido Comunista y con un importante dirigente democristiano, unas entrevistas. Aún recuerdo, vibrantes, las palabras de Améndola: “No dirás, ahora, que no nos han votado millones de católicos. Quieren el compromiso histórico”. Aduje que, en plena guerra fría, ni el Vaticano ni la OTAN apostarían por ese compromesso. Así fue. Me invitó Berlinguer a ir con él a Nápoles para ver un “discurso de masas”. Impresionante. La plaza llena de banderas rojas bajo el sol de Nápoles. Pero no hubo “compromiso”. Más grave, en marzo de 1978, las Brigadas Rojas secuestran, matando a sus cinco escoltas, a Aldo Moro, presidente de la Democracia Cristiana. Exigen la liberación de una serie de brigadistas. Los partidos, incluyendo al comunista, dan todo su apoyo al gobierno, pero no se admite la negociación con un grupo terrorista. Se cruzan cartas de Moro y comunicados de los brigadistas. Tampoco la Santa Sede acepta la negociación. La tragedia aniquila al país. En mayo aparece, asesinado, Aldo Moro. La familia se niega a presidir la menor muestra de duelo oficial o compartirlo con las autoridades. El papa Pío VI, celebra una misa —sin la familia— en San Juan de Letrán. Todos los hombres del poder estuvieron presentes. El silencio fue impresionante cuando el papa dejó oír su palabra: “Tú, Oh Señor, no escuchaste nuestra súplica”. El caso Moro todavía es un inmenso interrogatorio para el Estado de derecho. Berlusconi, el menos adecuado, ha ocupado, ahora, todos los espacios del viejo y nunca cumplido “compromiso histórico”. La vida enseña: “Conocemos mal nuestra sociedad”.

  Acerca del autor
email:juan.alponte@eluniversal.com.mx alponte@prodigy.net.mx

Profesor titular de la FCPyS de la UNAM, escritor y periodista. Ha colaborado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha escrito 37 libros, entre los que destacan Retrato de una Familia Babélica; las biografías de Colón y Lenin; Historias en la Tierra y Los Liberadores de la Conciencia.

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