Entre cazadores, como entre políticos, el prestigio se mantiene o acrecienta en la medida en que se persigue y se consiguen —se cazan— piezas grandes y exóticas. Y en esta lógica, nadie puede regatear a Manuel Espino que es un cazador político profesional, que alcanzó la dirigencia de los azules —el más alto cargo que ha conseguido— por la buena puntería y perseverancia que mostró al perseguir y cazar a ese inusual e ilegal bicéfalo sexenal mexicano que todos conocimos —y padecimos— como pareja presidencial: Vicente y Martita. Como todos saben, luego de colgar en su sala al bicéfalo foxista, Espino persiguió otra pieza grande en los previos al 2006. Le echó el ojo al presidenciable Santiago Creel. Pero resulta que otro hábil cazador se adelantó y con un tiro certero se llevó la pieza. Pero esa competencia fue de tal ferocidad que el cazador Espino fue echado del territorio azul. Entonces se dio a la tarea de buscar piezas grandes que le permitieran no sólo seguir viviendo, sino comiendo de la política. Y qué mejor que el territorio de los contrarios, los tricolores. Todos saben que Espino siempre ha sido cazador ambicioso, que va por piezas grandes. ¿Y qué mejor pieza para un político en desgracia, al que le urgen popularidad y reflector mediático —savia para los políticos—, que Manlio Fabio Beltrones, el número uno del PRI? Y en efecto, Espino colocó en la mira al poderoso jefe del PRI. Y sí, volvió a acertar el tiro. En unas cuantas semanas reunió refritos periodísticos, ocurrencias y anécdotas vividas desde su posición de dirigente nacional del PAN —todo con un estilo poco afortunado—, y dio origen a un libro llamado: Señal de alerta. Advertencia de una regresión política, en el que convierte a Beltrones en lo más parecido a perro del mal. De esa manera, el cazador profesional que es Espino consiguió no sólo los reflectores y la atención mediática que no había tenido siquiera cuando era dirigente del PAN. Pero nadie se puede llamar a sorpresa. ¿Por qué la preocupación de Espino por el poderoso Beltrones? ¿Realmente le importa a Manuel Espino lo que haga Beltrones —lo que no le importó ni cuando presidía el PAN— como para convertirlo en la imagen del mismísimo diablo? La verdad es que, además de los ingenuos, nadie puede dar crédito a los gritos y sombrerazos de Espino contra Beltrones, contra el gobierno de Calderón, contra el dirigente del PAN y —si estuviera frente a un espejo— hasta consigo mismo. Lo cierto es que Espino corre y aletea por todo el corral de la clase política por hambre —como con puntería de cazador mediático lo prendió Rafael Cardona en su Cristalazo Semanal del pasado martes en La Crónica, titulado ‘Ese pollo quiere maíz’—, porque tiene claro que sin el correteo y el aleteo que ha emprendido, se quedará fuera de todo círculo de poder. Pero lo más simpático no es que el “pollo quiera maíz”, sino que son muchos los indicios de que “el pollo ya fue maiceado”. Y es que Beltrones se encuentra en una situación opuesta a la de Espino. El poderoso líder de los senadores del PRI enfrenta una guerra real, acaso la más importante de su carrera política: la guerra por la candidatura presidencial del PRI para 2012. Y esa guerra lo coloca como potencial trofeo de caza para los pretensos a 2012. Beltrones está en la mira de todos: amarillos, azules y tricolores; encabeza la lista de los trofeos para los cazadores mexiquenses, veracruzanos, capitalinos y sonorenses. Sí, resulta que un grupo político nada desdeñable, que tiene su asiento justo en la tierra natal de Beltrones, Sonora, está a la cabeza entre los cazadores que quieren en su sala de trofeos a Manlio Fabio. El gobernador sonorense Eduardo Bours —locuaz mandatario que dice que será candidato presidencial por el PRI o por otro partido— mantiene una alianza con la profesora Elba Esther Gordillo, la que ha convertido a Beltrones en uno de sus adversarios a muerte. Más aún, son muchas las voces de que la señora Gordillo habría advertido, ante un grupo de amigos, que muy pronto hará estallar un misil que pegará bajo el nivel de flotación de Beltrones. En tanto, uno de los más fuertes aspirantes al 2012, Beltrones enfrenta ya los misiles del fuego amigo —que sale lo mismo de Toluca, que de Jalapa, que del Zócalo—, así como de amarillos y azules. Y en esa guerra, el señor Espino no es más que un peón, un pollo maiceado por el clan Bours-Gordillo. Pero la guerra apenas empieza. Al tiempo. EN EL CAMINO Por cierto, Beltrones se llevará la medalla de la reforma petrolera. Se confirma, como lo dijimos aquí, que esa enmienda la aprobarán PRD y PRI, y que el PAN se sumará a regañadientes… |