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México D.F., a 17 de julio de 2008 | 9:05 AM

José Carreño Carlón
Agenda del debate
17 de julio de 2008
Espías: veleidades públicas de un oficio secreto

El Cisen se neutraliza al ventilar los territorios sospechosos a escudriñar
Manlio descubre actividades encubiertas de otros, al costo de descubrir las suyas

“La historia secreta de la historia”. Ésta es la oferta que se hace a los invitados a “infiltrarse” en el Museo Internacional del Espía, establecido en Washington. Aquí se ilustra la evolución, desde el Antiguo Testamento, del quehacer de los espías, un quehacer identificado como “el segundo oficio más viejo del mundo”.

Por eso sorprende que los actores del espionaje mexicano lleguen a la veleidad extrema de hacer públicas sus actividades secretas y de presentar como novedad uno de los oficios más viejos del mundo.

Y por eso, también, pasar unas horas en este museo de la capital estadounidense con la atención puesta en el debate entre quienes se suponen expertos en espionaje en México, resulta tan decepcionante del récord nacional en este deporte como en otros deportes nacionales.

Los espías mexicanos que se espiaron unos a otros y luego pusieron el tema a discusión en los medios parecen ignorar algo que saben incluso los niños que asisten a este museo cuando pasan apenas la mitad del recorrido: que el secreto es el alma de estas artes y que descubrimos las proezas de los agentes sólo después de que han sido capturados o han defeccionado. Pero que los verdaderamente grandes espías no los conocemos, ni los conoceremos nunca, ni sabremos de qué amenazas nos libraron. Porque son muy inteligentes para ser capturados, muy leales para defeccionar y, sobre todo, muy perspicaces como para andar hablando de más.

No ha sido éste el caso del director del Cisen cuando hace públicos los territorios a escudriñar: el Congreso y los partidos, por la injerencia que pueda tener en ellos el narcotráfico. Pero tampoco es el caso del senador Manlio Fabio Beltrones cuando critica la calidad del servicio de inteligencia que lo infiltró, y deja ver la pericia de su propio servicio, en un campo en que los verdaderos peritos no revelan sus misiones ni esperan reconocimiento.

La prolongación de este tema en la agenda pública se está revirtiendo contra sus protagonistas. Revelar —en el caso del Cisen— los blancos a espiar neutraliza de antemano las tareas de inteligencia. Y revelar —en el caso de Beltrones— los hallazgos interceptados al enemigo puede servir para vacunarse del contenido de esos hallazgos, pero pone al descubierto sus propias actividades encubiertas.

Para una institución como el Cisen no hay costo más alto que el de ver descubierta su misión. Para un agente secreto no hay mayor fracaso que ver revelada su identidad real, acabando con una “identidad” cuya construcción consumió años o décadas. Y para un político como Beltrones, que ha posicionado con tanta fuerza su imagen en la esfera pública —un trabajo también de años y de décadas— no hay riesgo más delicado que el de remitir su identidad a etapas pasadas que pertenecerían a la historia secreta de su historia.

Con sus duelos de cámaras y grabadoras ocultas y con sus revelaciones de estos días, pierden todos los exponentes de este deporte nacional. No envuelve el halo legendario y heroico del buen espionaje a quienes arman expedientes como el del senador Beltrones con fines de exterminio político. Pero tampoco resulta convincente la autoinvención como víctima de espionaje de quien se asume como maestro en la materia.

Hay todavía un punto adicional de desolación para el mexicano que visita este museo: la convicción de que difícilmente llegará a alojar algún día a algún espía nacional. Menos en los salones ocupados por los grandes escritores que se dedicaron al espionaje, al lado de los grandes espías que produjeron páginas brillantes de literatura. Poco tendrían que hacer aquí nuestros espías como autores de sus reportes previsibles, sus filtraciones obvias, sus declaraciones deshilvanadas o sus denuncias sin poder de convicción.

  Acerca del autor

José Carreño Carlón: Premio Nacional de Periodismo por artículo de fondo, director de la oficina presidencial de comunicación, son algunos datos de una trayectoria de décadas en la comunicación pública.

Profesor de derecho de la información de la UNAM y coordinador de periodismo de la Universidad Iberoamericana, realizó sus estudios de licenciatura en la Universidad Nacional y los de pos-grado en Leiden (Países Bajos) y Navarra (España)

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