John McCain —por debajo en las encuestas para noviembre, pero falta mucho tiempo aún— ha coincidido, en Bogotá, con una explo-sión mediática: la liberación de Íngrid Betancourt y 14 secuestrados más. Entre ellos unos ciudadanos norteamericanos. ¿Sabía de la operación militar, McCain, por el gobierno de Uribe? Por lo pronto estaba en Colombia para apoyar el polémico Tratado de Libre Comercio. En suma, el ex prisionero del Vietnam tiene dientes duros y una esposa multimillonaria —no le sirvió a Kerry, que “padece” la misma fantasía de estar casado con una industrial multimillonaria— que apuesta por un marido presidente. La política no es oficio de pobres en Estados Unidos. En otros países, hace ricos. Lo cierto es que el republicano ya está en traje de faena por el mundo. Como Obama piensa en México y en sus “hispánicos”. Por lo pronto, Fortune (revista famosa por su anual lista de las 500 mayores empresas del mundo) presenta ya a los consejeros económicos de los dos protagonistas. Del lado de Obama aparece uno de los hombres más ricos del mundo y el más generoso, lúcido en las inversiones y mano abierta. Me refiero a Warren Buffett. En efecto, Buffett ha traspasado a la “Fundación Bill-Melinda” (léase Bill Gates y su esposa) nada menos que 40 mil millones de dólares. Bill Gates, a su vez, dotó a su fundación de 30 mil millones de dólares y, ahora, el cofundador prestigioso y polémico de Microsoft abandona la empresa para dedicarse, de tiempo completo, a su Fundación: un proyecto contra las enfermedades y la pobreza del tercer mundo. En suma, la presencia de Buffett al lado de Obama implica una hipótesis: que los ricos asuman mayor responsabilidad en el sistema fiscal. Ahí, en ese punto, los dos candidatos tienen serios problemas. Quizá, por ello, Obama ha llevado a su equipo a un hombre que vivió, por dentro, la FED: Paul Vocker. Fue su chairman y no es Greenspan. Experiencia respecto al centro del sistema financiero y, además, no dejó a la FED, como el “mago” Greenspan, en el caos. A su lado está una mujer, Penny Pritzker, que preside, y tiene con qué, el departamento de las finanzas de la campaña de Obama. Dos economistas renombrados, uno de la Universidad de Harvard (Jeffrey Liebman) especializado en los problemas de la seguridad social y Austan Goolsbee, de la Universidad de Chicago. Es un teórico importante en las cuestiones fiscales. En ese cuadro, Jason Furman, de la Brookings Institution cierra el cuadro obamiano. Es un equipo consistente. No entra en conflicto con los consejeros personales que, como Carolina Kennedy, transportan el imaginario colectivo: la leyenda kennedista y… los “cuatro días” de Dallas. El cuadro económico de McCain centra a hombres y mujeres que cruzan experiencias políticas y económicas empresariales. Ella, Carly Fiorina, lo prueba. Experiencia en la poderosa corporación Hewlett-Packard y un especialista del botín presupuestario como Doug Holtz-Eakin que fue director de la oficina presupuestaria del Congreso. Detrás un luchador áspero como Phill Graham que, ex senador y economista, ha transitado por los dos partidos y se ha batido en los terrenos empantanados de la reducción de los presupuestos… que han crecido siempre. Otra mujer, del área de la sociedad del conocimiento, léase Silicon Valley, acompaña a McCain, Meg Whitman. Sonríe, siempre, pero sabe que el cambio, hoy, es inseparable de la investigación. En suma, con McCain, personas con experiencia en el Congreso que han viajado en los negocios y el Capitolio. Uno de ellos, Fred W. Smith, ya le apuntan como el hombre del Pentágono. Fue ex marino de guerra y duro estratega en los grandes negocios. Sólo Warren Buffett, ahora oteando el paisaje económico de Europa, cree, como Bill Gates, que el dinero tiene que asumir responsabilidades. Ninguno de los dos cree en la “mano invisible” de Adam Smith. |