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México D.F., a 19 de agosto de 2008 | 12:38 PM

Lydia Cacho
Plan B
14 de julio de 2008
Mis hijos y tus hijas

Habría que tratar a víctimas de pederastas como si fueran nuestra familia y proteger su derecho a un futuro feliz

Si usted tiene una hija o hijo que sufrió abuso sexual infantil, no denuncie ante las autoridades; dedique su tiempo a sanar su mente, su cuerpo y su alma. Es mi conclusión luego de agotar las instancias judiciales contra Los demonios del Edén.

Cada media hora una niña o niño es violado en México. Imagine ahora que esa criatura es suya. La mayoría identifica a su abusador porque en más de 80% de los casos los pederastas son familiares, maestros, sacerdotes o conocidos. Aun cuando existen fiscalías especializadas en menores, el trato es ignominioso.

Las autoridades forzarán a su criatura para que narre nueve o 10 veces el abuso con lujo de detalles. Ministerios públicos, médicos legistas y jueces pondrán en duda la palabra de la víctima (como resultado de una cultura que durante milenios ha ocultado la pederastia, normalizándola como un asunto privado). Se someterá a las niñas a estudios ginecológicos bajo el falso precepto de que deben existir desgarres físicos visibles, negando la elasticidad vaginal y que los violadores usan condones o lubricantes. A los niños de cero a 15 años los forzarán a brutales exámenes proctológicos para expandir la zona anal, y dependerán de un médico que, sin conocimientos de victimología y sexualidad, dictaminará sobre si hubo o no penetración de objetos u órganos.

El juicio tardará entre 1.5 y cuatro años, durante los cuales el abusador podrá interponer tantos recursos como quiera y su cartera le permita. Si la víctima es una niña de entre 12 y 18 años, usted deberá rezar para que no le asignen a un juez convencido, aunque la ley diga lo contrario, de que las niñas provocan al violador y les gusta ser abusadas (el efecto Lolita). Usted deberá tener tiempo y dinero para dedicar la mitad de su vida a visitar procuradurías, médicos, legisladores, y burócratas del DIF rebasados por el trabajo y sin herramientas para ayudarle. Deberá conseguir abogados especializados en abuso sexual infantil, y que no se alíen al pederasta y sus redes de apoyo.

Usted tendrá que resolver el trauma secundario que dejan el abuso y la denuncia: miedo, depresión, angustia, discusiones producto de la ignorancia sobre el patriarcado, los mecanismos del abuso sexual infantil y los métodos para corromper menores.

Deberá usted mantener la tranquilidad para acunar a su criatura en las incontables noches de pesadillas. Ser paciente cuando llamen de la escuela porque su pequeño no se concentra, no juega ni hace tareas. Si es adolescente, podrá enfrentarse a la fuga, adicciones, anorexia o bulimia.

Buscará organizaciones civiles especializadas, y si corre con suerte, en su estado no habrán cerrado porque los gobiernos federal y local les niegan recursos. Sólo dos de cada 100 pederastas acabarán en la cárcel. Una posibilidad demasiado endeble como para sacrificar a cambio la vida de su criatura.

Habría que tratar a todas las víctimas como si fueran nuestra familia; lo fundamental es sanar su alma, su cuerpo y proteger su derecho a un futuro feliz. En cuanto a los pederastas, habrá que someterlos al escarnio público mediante los registros en internet y las denuncias ante ONG. Puede ser poco efectivo, pero no menos de lo que ofrecen los tribunales. Se nos conmina a denunciar al pederasta, pero en tanto que la justicia siga violentando a las víctimas, no hay derecho a exigir semejante sacrificio.

  Acerca del autor

www.lydiacacho.net

Mi nombre es Lydia Cacho Ribeiro, nací en 1963 en el Distrito Federal. Soy periodista y escritora. Desde hace 21 años vivo en Cancún desde donde me he dedicado a reportear y analizar temas de derechos humanos y política. He trabajado durante años en radio y televisión en Quintana Roo. Mis medios favoritos son la radio y la prensa escrita, ambos nos abren la posibilidad de interactuar con la opinión pública.

Durante años supe que escribir y opinar no bastaba, así que decidí participar con un grupo de mujeres en la creación de una Asociación Civil. Después de 15 años de trabajo informal en el 2000 abrimos el Centro Integral de Atención a las Mujeres, CIAM Cancún, A.C. Es un centro especializado de atención a mujeres, niños y niñas víctimas de violencia doméstica y sexual.

Libros publicados: “Los demonios del edén: el poder detrás de la pornografía infantil”, “Muérdele el Corazón”, “Esta Boca es Mía”, “Memorias de una infamia”.

Premios:Premio estatal de periodismo 2000. Don Sergio Méndez Arceo Premio Nacional de Derechos Humanos. Ginetta Sagan award de Amnistía Internacional. International Women Media Foundation Courage Award 2007. OXFAM Human Rights Award.

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