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México D.F., a 11 de julio de 2008 | 9:05 AM

Juan María Alponte
México y el mundo
11 de julio de 2008
El fantasma de Prats condena a Pinochet


El fantasma del general Carlos Prats, asesinado por orden personal de Pinochet, nos devuelve al pasado terrible. En suma, la Justicia chilena renueva la responsabilidad de Pinochet —ya en el cementerio— en el crimen. Hagamos memoria.

En 1970, después de ser proclamado presidente de Chile, Salvador Allende pidió a un brillante chileno, del Banco Interamericano, que se incorporara a su gobierno. Orlando Letelier regresó a Santiago y Allende le nombró embajador en Washington.

Unos meses después, en julio de 1971, Joseph Olsup, columnista de The Washington Post le invitó a cenar en su casa. A la cena asistió Kissinger, secretario de Estado. Era evidente que la cena tenía un mensaje. Kissinger, que llegaba de China donde su viaje fue un acontecimiento mundial, no dudó en transmitirlo: “Señor embajador, quiero que le dé un mensaje a su presidente. Le aseguro que no tenemos agentes en su país, pero si su gobierno cae será por sus propios errores. Son ustedes los que están labrando su propia desgracia sin injerencia de nuestra parte…”.

El 11 de julio de 1971 Allende había nacionalizado las grandes minas de cobre: Anaconda, Braden Cooper y Kennecott Mining. En los primeros meses de 1973 la crisis era patente. Para Carlos Prats, comandante en jefe del Ejército, no existía otra salida que el diálogo con la democracia cristiana.

Ante la presión creciente, el 10 de agosto de 1973, Allende se vio obligado a la remodelación de su noveno gabinete. Nombró ministro de Defensa a Carlos Prats. Presentó a su nuevo gobierno: “La última oportunidad para evitar el enfrentamiento…”.

El 21 de agosto, un amplio grupo de señoras de generales y jefes se amotinaba ante la residencia de Prats y entregaba a su esposa un documento firmado pidiendo que intercediera ante su marido para que presentara su dimisión. Prats, acorralado, pidió al general Pinochet que comprobase si las señoras representaban realmente a la cúpula militar. El 23, Pinochet, agresivo, le dijo que sí, esto es, no se trataba de un acto personal. Prats presentó su dimisión. Su carta sería su sentencia de muerte. Le decía que agradecía la confianza que se depositó en él y añadía: “Le reitero las consideraciones del sincero respeto que V.E. sabe que le profeso…”.

Ante la nueva crisis, el 28 de agosto, Allende procedió a rehacer su décimo gabinete (desde 1970, un récord) nombrando a Orlando Letelier nuevo ministro de Defensa. Ese mismo día el comandante en jefe del Ejército, Augusto Pinochet, se presenta ante Letelier para transmitirle su adhesión. Unos días después Letelier dice a su esposa que “Pinochet me saca de quicio”. Ella le pregunta. Letelier contesta y su esposa guardará la frase en su memoria: “Es el tipo más servil que he visto, me ayuda con el abrigo, me lleva el portadocumentos”. No es una historia nueva. Los serviles pueden ser los verdugos.

El 9 de septiembre de 1973 regresaba de México a Chile la esposa de Allende, la admirable Tencha Allende. Dos noches antes cené con ella en casa del pintor chileno, José de Rokha. Fue una conversación dramática. Ese mismo día, domingo, Pinochet firmaba (fue el último) el documento que le comprometía al golpe militar del 11.

Prats pidió autorización para salir del país. Pinochet lo autorizó. Fue asesinado en Buenos Aires, con su esposa, cuando llegaban en automóvil a la entrada de su casa. Letelier logró exiliarse en EU. En Washington su automóvil voló en un atentado. Su cuerpo quedó descuartizado. Su esposa quiso verlo cuando todos le suplicaban que no lo hiciera. Lo hizo y se reclinó, conmovida y espantada, ante sus restos. Historia, en la síntesis terrible de las palabras, que nos devuelve con la memoria la vida. La vida que es inseparable de la memoria.

  Acerca del autor
email:juan.alponte@eluniversal.com.mx alponte@prodigy.net.mx

Profesor titular de la FCPyS de la UNAM, escritor y periodista. Ha colaborado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha escrito 37 libros, entre los que destacan Retrato de una Familia Babélica; las biografías de Colón y Lenin; Historias en la Tierra y Los Liberadores de la Conciencia.

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