Mencionada sólo de refilón en informes e investigaciones oficiales, tanto de la PGJDF como de la Comisión de Derechos Humanos del DF, la figura de la Unipol, apenas creada unas semanas antes, fue factor determinante en la tragedia del New’s Divine. Aunque la idea de un mando central único para todas las policías de la ciudad es buena, hubo errores en el diseño institucional del organismo que se exhibieron crudamente cuando, en plena tragedia, mientras morían aplastados jóvenes y uniformados la tarde del 20 de junio, los policías judiciales y los de la SSP se peleaban entre ellos y nunca se coordinaron en la emergencia. En los hechos, la Unipol, presentada como “programa estrella” de Marcelo Ebrard, y de la que se habían presumido cifras récord de detenciones y operativos exitosos, quedó desnudada en sus fallas de diseño y, con su director, Guillermo Zayas, preso y sujeto a proceso, sería de esperarse que el jefe de Gobierno revisara el funcionamiento de ese organismo y se corrigiera la principal falla: la inexistencia de un mando real que controle y dirija a las confrontadas corporaciones policiacas de la ciudad. Porque en la realidad las distintas policías son vistas y manejadas por sus directivos e integrantes como auténticos “cotos de poder”, además de negocios y fuentes de ingresos ilícitos. Cuando se diseñó la Unipol y se puso a Zayas como mando único, no se tomó en cuenta que difícilmente los policías judiciales iban a aceptar una coordinación que no fuera la de la Procuraduría, por sus conocidas rivalidades y disputas con las corporaciones dependientes de la Secretaría de Seguridad Pública. Sin modificar organigramas y estructuras reales de mando, y sin establecer reglas claras para su funcionamiento, desde el escritorio y al más con afanes propagandísticos y de lucimiento mediático, se decidió una coordinación que, si bien funcionó en algunas áreas, tarde o temprano mostraría el problema de origen. Eso sin mencionar el enfrentamiento entre Joel Ortega y Rodolfo Félix Cárdenas que les costó el cargo a ambos. Al final los dos resultaron responsables y se fueron. ¿Pero la Unipol que se exhibió con todas sus fallas en ese operativo seguirá? Seguridad y estructuras policiacas siguen siendo el talón de Aquiles de la ciudad y de sus gobernantes. En los últimos cuatro gobiernos en el DF se han dado salidas escandalosas de jefes policiacos acusados de negligencias, errores y corrupción. David Garay fue el primer secretario de Seguridad Pública de Óscar Espinosa Villarreal y en 1996 sus policías golpearon a maestros disidentes que marchaban a Los Pinos; Garay pretendió frenar la marcha y evitar que llegara a la casa presidencial, pero ante el escándalo y los señalamientos de represión y uso excesivo de la fuerza de los policías, el presidente Ernesto Zedillo determinó su salida. El general Enrique Salgado llegó entonces como secretario. La mano militar se hizo sentir y hubo éxitos en el combate a la delincuencia. Pero el 8 de septiembre de 1997, el general ordenó un operativo en la colonia Buenos Aires, encabezado por sus cuerpos de élite: Jaguares y Zorros. En el operativo murieron un policía y un civil; pero después de este evento desaparecieron seis jóvenes de la popular colonia y sus cadáveres aparecieron semanas después con huellas de tortura, tres en las minas de Tláhuac y otros tres en el Ajusco. Se dijo entonces que se habían utilizado técnicas de tortura conocidas en el Ejército. Ante el escándalo, los jefes de Zorros y Jaguares, ambos de origen militar, pisaron la cárcel, pero al poco tiempo salieron. Rodolfo de Bernardi duró poco en el cargo durante el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas. Las violaciones a varias jovencitas en Tláhuac, cometidas por elementos de la Policía Montada, le costaron el cargo y en su lugar llegó Alejandro Gertz Manero, quizá el único jefe policiaco que salió sin escándalos. Al contrario, tras sus resultados con Cárdenas y Rosario Robles, salió promovido cuando Vicente Fox le ofreció la SSP federal, de donde ya no salió tan bien librado pues lo removieron en 2004, en medio de señalamientos de ausencia de resultados. Después vino el caso de Ebrard, que siendo jefe de la policía le linchan a dos policías federales en San Juan Ixtayopan y quien lo cesa es Vicente Fox, bajo la acusación de omisión en el caso. Hoy a esa lista de jefes policiacos en desgracia se suman Joel y Rodolfo Félix, y a la enorme lista de yerros en el tema de la seguridad capitalina, se suma la Unipol. |