Irrumpió ayer en la agenda el homicidio del penalista Marcos Castillejos y los medios se volvieron a llenar de mensajes sobre los bajos fondos del crimen y la aplicación de la ley. El tema vino a desplazar el del episodio final de la tragedia del New’s Divine: de mafias policiales en control de los llamados giros negros de la capital. Y permanece en la agenda el tema del espionaje a actores públicos. Todos, temas inscritos en la criminalización de la información política y a la politización de la información criminal. El senador Manlio Fabio Beltrones colocó en la agenda el asunto del espionaje. Un ex líder nacional panista lo secundó con la acusación de que “capos” —es decir, jefes intermedios de la mafia— “del calderonismo” han usado agentes de la inteligencia mexicana para seguirlo. Manuel Espino, ¿Emanuele Spino?, se uniría de esta manera a varios Emanueli sicilianos involucrados en la acción o la delación de la mafia. Sólo que sus revelaciones colocaron al presidente Felipe Calderón en calidad de Don o padrino de los capos de la famiglia panista. Algo así como Don Calderone. Manlio y Fabio no requieren traducción. Estos nombres se remontan a la Antigua Roma y los llevaron, entre otros, guerreros y dictadores. Y hay Beltrones lo mismo en la Sicilia de la Cosa Nostra, que en el Nápoles de la Camorra, que en la Calabria de la Ndrangheta. Y como jefe de jefes del Congreso y del nuevo sistema político pospresidencial mexicano il senatore bien podría ser llamado Capo di tutti capi. Los pobres ‘Soprano’ Hay ganadores y perdedores en este capítulo de la representación doméstica semanal de Los Soprano, aquí con un elenco de capos inmensamente más ricos y poderosos que los mafiosos de medio pelo que poblaron la extraordinaria serie de tv. De un lado, se les mojó la pólvora a los novatos “capos del calderonismo” que planeaban volar la locomotora priísta con cargas de expedientes negros —entre ellos, el del senador Beltrones— a fin de bloquear la ruta del PRI a la recuperación del primer lugar electoral en 2009 y del poder presidencial en 2012. Del otro lado, con mayor profesionalismo, el senador Beltrones espió a quienes lo espiaban, infiltró a quienes lo habían infiltrado, obtuvo su expediente y logró inocularse de los efectos que esas hojas pudieron haber producido en su contra, una vacuna que se agregó a la que le regaló el ex presidente Fox con su salida en falso de meses atrás involucrando al senador en el narco. Ya recuperada la iniciativa, Beltrones pasó del papel de justiciable al de justiciero, de poderoso villano cuestionado a víctima ultrajada a quien ahora Calderón tiene que ofrecerle satisfacciones y aceptar nuevas, encarecidas condiciones para mantener la alianza con la famiglia beltronista. Y por si fuera poco, la nueva salida en falso, esta vez del capo en desgracia Manuel Espino contra su antes aliado Beltrones, le está permitiendo a este gran ganador del capítulo aparecer como el progresista enfrentado a la ultraderecha yunquista y aliado a la derecha liberal (Manlio dixit) del presidente Calderón. Ciao, Marcello Un capítulo aparte se cerró con el desenlace político de la tragedia del New’s Divine. Fue atroz para Marcelo Ebrard, un capo aspirante a Don que se vio sin temple en el manejo de la crisis y sin contundencia en el reconocimiento de la responsabilidad de su gabinete de seguridad en la política de extorsión y represión a los jóvenes de los barrios marginales. Jaloneado por sus capos intermedios, pasivo ante los desbordamientos de su jefe policial —que se le resistió a la purga— y un procurador —al que trató de sostener hasta el último minuto— Ebrard actuó con casi tres semanas de retraso, obligado por la presión de la Comisión de Derechos Humanos del DF y la opinión pública. Vacilante hasta el final, la oportunidad de crecimiento de Ebrard para 2012 podría estarle diciendo: Ciao, Marcello. |