Ninguno de los 8 está capacitado, política y económicamente, para dar respuestas a los tres problemas que los convocan: el cambio climático, los precios del petróleo y la inflación de los precios de los alimentos. Esa constatación nos devuelve a un año decisivo: 1944. En ese año, unos meses antes de terminarse la Segunda Guerra Mundial, EU convocó en Bretton Woods a los representantes de 44 países. Galbraith, el gran economista estadounidense dice en The Age of Uncertainty, que “no fue una conferencia entre naciones, sino una conferencia de naciones y Keynes”. La frase es formidable pero incierta. En efecto, la cabeza de la mitad del siglo XX en la economía fue la de John Maynard Keynes, después lord Keynes of Tilton. Su biografía es apasionante. Formó parte del grupo llamado de Bloomsbury que partió en dos a la conservadora sociedad victoriana. El que sería el gran economista aparece, lúdico, en los Diarios de Virginia Woolf (la máscara de la solemnidad detrás de la cual se esconden en muchos casos la violencia y el abuso nada tuvo que ver con él) y, por tanto, a la hora de casarse lo hizo con una bailarina rusa que llegó a Londres con el famoso Ballet Diaghiley. En la Universidad de Cambridge, donde su padre fue profesor de economía y su madre, Florence, una autoridad municipal, Keynes formó parte de una sociedad medio secreta y medio calavera donde no entraban nada más que los más inteligentes. La sociedad fue conocida como la de los Apóstoles, aunque de reverentes nada, lo que me consuela. Entre los Apóstoles hubo famosos filósofos como Bertrand Russell que llenó las calles de gritos en defensa de la libertad del prisionero del mundo: Nelson Mandela, quien ahora cumplirá sus 90 años. Keynes formó parte, muy joven, de la delegación inglesa en el Tratado de Versalles con el que se liquidaba la Primera Guerra Mundial. Cuando se aprobaron las reparaciones de guerra con Alemania como “pagadora” de los desastres de la contienda Keynes se opuso, y demostrando que no era un político tradicional dimitió como protesta y escribió un libro profético sobre las consecuencias de las “reparaciones”. Afirmó que Alemania no pagaría con producción, sino con billetes, con “papel” y que ello desencadenaría una inflación galopante. En Alemania fue de “12 ceros” y la inflación y el desempleo produjeron mecánicamente un demagogo de la desmesura: Adolf Hitler. Después Keynes, con la Teoría General, fue el centro de los debates de medio siglo. Pese a la frase de Galbraith, la verdad es que antes de salir Keynes de Londres para Bretton Woods, su gobierno le suplicó que no polemizara con el presidente de la conferencia, que había sido su discípulo (Harry D. White, secretario del Tesoro) por una simple razón: Inglaterra estaba en bancarrota después de la guerra y requería un crédito de EU por 3 mil 500 millones de dólares. Keynes, que conocía la situación, no fue la voz que replicara a White. Las otras 43 delegaciones nada podían hacer. EU salía de la Segunda Guerra Mundial como el primer poder del mundo. En suma, en la Conferencia de Bretton Woods se impusieron las instituciones que dominarían la segunda mitad del siglo XX y que han llegado a la primera década del siglo XXI en una inmensa crisis, no separable de la de EU. Nos advierte el fin de una época. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, organizaciones universales nacidas en Bretton Woods, representarían, con otras paralelas, el imperio teórico y material de EU que ya en 1898, el año de la finalización del imperio español en Cuba, Puerto Rico y Filipinas, suplantó a Inglaterra como poder mundial. Bretton Woods lo subrayó. Pero esa etapa ha terminado y las instituciones de Bretton Woods son el pasado y éste es irrecuperable. |