Percibimos del sol su energía; aunque en la oscuridad sólo vemos un poco de luz a través de los astros. La realidad se contempla desde infinitas ópticas, pero siempre es la misma. La reflexión de la luz o “la realidad” no cambia ciertamente su naturaleza, pero entraña un cierto aspecto de ilusión. “Hay una identidad en la diferencia”, dicen textos hindúes. El hombre, en cuanto espejo, no es un simple reflejo, su alma participa de la belleza o la fealdad en la medida que se vuelve hacia ella. Existe una relación entre el sujeto contemplado y el espejo que lo contempla. Lo importante es la calidad del espejo, debe estar perfectamente pulido para obtener un máximo de realidad. Así el alma, purificada de todas las suciedades terrenas, recibe entonces la imagen de la belleza incorruptible. Quien busca su rostro en agua turbia, encontrará una imagen sucia de sí mismo. Por eso es común que si vivimos rodeados de maldad, aprendamos a hacer daño. El agua cristalina refleja en la superficie lo que del lado opuesto se encuentra, sin juzgar. Una persona con espíritu transparente, acepta la luz de los demás sin encandilarse, pues la imagen de otros le ayuda a potenciar su propio brillo. Los ojos son ventanas, en una mirada sincera es posible descubrir los anhelos más profundos del corazón y las intimidades del alma. En silencio es posible conectarnos con el otro, entrar en sus pensamientos y dejar ver los nuestros. No podemos comprender a quien no conocemos y mientras más aprendamos de nosotros mismos, mejores relaciones tendremos con los demás. Observa a tus padres, hermanos, amigos, maestros, directores, empleados o desconocidos. Sentirás atracción por unos y repulsión por otros, pero analiza esos detalles que te inquietan porque seguramente también te conforman. Todo lo que existe en algún lugar del mundo también está en nosotros. En la tradición védica el espejo simboliza la sucesión de las formas, la duración limitada y siempre cambiante de los seres. Necesitamos adoptar una conciencia de unidad para sobrevivir en este mundo cada vez más desigual. Ver a nuestros semejantes como partes del todo al cual pertenecemos. No es suficiente darnos la mano sin conectar nuestras almas, seamos el espejo de Dios. La ascesis del cuerpo y la mente es un ciclo de constante renovación para alcanzar la pureza del espíritu; pero así como para alimentarnos, es imposible no ensuciarse la boca, también lo es vivir sin conocer el lado oscuro de nuestro ser. lahojaenblanco@gmail.com |