Si los problemas eran pocos, ante el voto de noviembre, el presidente Bush arroja gasolina al fuego. Pide, al Congreso, el fin de las prohibiciones de perforación en las costas. El alto precio de la gasolina transforma la petición de Bush en una gran batalla familiar. En efecto, fue Bush senior, cuando fue presidente, quien firmó, en 1990, la prohibición de la exploración en las costas. El candidato republicano, John McCain parece plegarse a esa nueva propuesta en busca del voto de la furia contra los precios. El costo ecológico puede ser grave. Cuando Bush firmó la prohibición (Executive Order) el consumo de petróleo en Estados Unidos ascendía a 16.5 millones de barriles diarios. El mundo requería, a escala, 66 millones de barriles diarios. En el año 2007 el consumo diario de Estados Unidos se acercaba a los 21 millones de barriles y el mundo, en total, a los 84 millones de barriles por día. En suma, con 5% de la población Estados Unidos consume la cuarta parte del petróleo mundial. Los consumidores norteamericanos son un voto superexigente. Es inútil eludirlo. No debe olvidarse que cuando el presidente Bush firmó la prohibición su país producía 9.1 millones de barriles diarios. En estos momentos no llega a los 7 y sus reservas probadas, al finalizar el 2006, constituían 2.5% de las reservas mundiales, es decir, petróleo para 11.9 años en relación a la extracción de ese año: 6 millones 895 mil barriles diarios. En ese mismo año, por cierto, las reservas probadas de México fueron sólo el 1.1% mundial y, por tanto, reservas para 9.6 años. Se trata, pues, de un dilema que confronta, a la primera economía del mundo, con la energía. El consumo de energía total en Estados Unidos —B.P. Statistical Review of World Energy, June 2007— ascendía a 2,326.4 millones de toneladas equivalentes a petróleo en 2006. Este producto, conformaba 938.8 millones de toneladas; el gas natural 566.9 millones de toneladas; el carbón 567.3 millones de toneladas; la energía nuclear, a su vez, 187.5 millones y la energía hidroeléctrica 65.9 millones. Si se considera, a su vez, que Europa Occidental, Rusia, sus ex repúblicas, Turquía y Europa Oriental, consumieron, en el año 2006, 970.1 millones de toneladas de petróleo; 1,031.7 millones de gas natural; 552.9 millones de carbón; 287.8 millones de toneladas de energía nuclear y 184.6 millones de energía hidroeléctrica, se podrán comprender las dimensiones del poder energívoro mundial y las inmensas batallas del futuro. Piénsese que África entera controló nada más que 324.1 millones de toneladas de energía equivalentes a petróleo, es decir, sumados los distintos productos energéticos. China, segundo exportador, hoy, del mundo, inmediatamente detrás de Alemania y habiendo suplantado ya del segundo lugar a Estados Unidos, consumió en el 2006, 1,697.8 millones de toneladas (repito, equivalentes a petróleo), pero sus necesidades de energía crecen meteóricamente: 4.5 millones de barriles de petróleo en el año 2000 y casi 7 millones en el 2006. La batalla está en marcha. Piénsese en México que, en el primer cuatrimestre de 2008, importó ya 317 mil barriles diarios de gasolina —sin incluir gas natural y otros productos— y el incremento es impresionante. La conversión de México (al finalizar sus “reservas probadas”) en un importante importador de productos energéticos es un acontecimiento de primer orden y, más aún, si se examina la situación de Estados Unidos y la estrategia universal que incorpora, al conflicto, el dilema histórico del cambio climático. La Agencia Internacional de Energía asume que el tope de la producción mundial está en 100 millones de barriles diarios (en 2008 será ya de 86.8 millones) por lo cual los gobiernos tendrán que asumir, en nombre del interés general, una revolución cultural del consumo y la creación de energía limpia. Va la vida en ello. |