México ha invertido una cantidad significativa de recursos y tiempo en alcanzar la estabilidad macroeconómica, que es indispensable no sólo para el crecimiento sino también en términos de justicia social. Nada daña más a los segmentos más pobres de la población que la inflación, la instabilidad financiera y la destrucción de riqueza que implican. El crecimiento, por su parte, se ve mermado por la inestabilidad al reducir el horizonte de planeación y trasladar la creación de valor del diseño, la creatividad, la línea de ensamble, la logística y las ventas, a las tesorerías. Los más de 10 años de estabilidad macroeconómica en el país son un fenómeno nuevo para la mayoría de los mexicanos. Desde 1973 hasta 1995 se vivió una economía de altibajos, de severas fluctuaciones financieras y de crisis recurrentes que resultaban en periódicas y lamentables destrucciones de riqueza y aumento de la pobreza. En los últimos años, no obstante, México ha experimentado una significativa reducción en la pobreza, tanto urbana como rural. La pobreza alimentaria pasó de 21.2% en 1994 a 13.8% en 2006, la de capacidades de 30% a 20.7% y la patrimonial de 52.4% a 42.6% en el mismo periodo. Esta disminución resulta de los tres principales fenómenos en la economía: 1. Un mejor perfil demográfico producto de una fuerte reducción de la tasa de fertilidad con la consecuente caída de la tasa de dependencia (niños más ancianos sobre fuerza laboral). 2. La estabilidad económica como resultado de finanzas públicas sanas y presupuestos balanceados y la independencia del Banco de México y su mandato de estabilidad de precios. 3. La expansión sin precedentes del mercado a través de la apertura comercial y la eliminación del control de precios. Todavía un número no pequeño de analistas y políticos menosprecian el avance en la reducción de la pobreza o incremento de la clase media. Es exactamente por esta razón que Andrés Manuel López Obrador perdió la elección de 2006. Subestimó el crecimiento de la clase media por partida doble: tanto el aumento real como el aspiracional. El discurso de AMLO hizo dudar a un porcentaje importante de electores indecisos (mayoritariamente clasemedieros) sobre su compromiso con la estabilidad macroeconómica y el funcionamiento de los mercados. Por eso perdió. En el manejo del incremento de precios en alimentos el gobierno tendrá que encontrar el balance adecuado entre proteger a los segmentos más pobres por la carestía y preservar la estabilidad macroeconómica y el funcionamiento de los mercados. La siguiente elección presidencial dependerá de que no se revierta la reducción de la pobreza. Para esto es necesario más mercado y no menos, el apoyo a los que menos tienen y apostar a favor de la estabilidad. La explosión de la burbuja de bienes raíces en Estados Unidos, las medidas tomadas por la Reserva Federal, la devaluación del dólar y el crecimiento desmedido de los precios de materias primas se traducen en un reto muy importante de política pública en México. Los vaivenes de la economía del principal socio comercial y de inversión tienen ya un impacto en la economía, pero todavía no se han resentido los efectos más importantes. Es probable que, aunque Estados Unidos no cayera en una recesión, la desaceleración sea más prolongada de lo que se esperaba; que el incremento en precios que se observa sea apenas incipiente y que la presión inflacionaria más significativa esté por venir. En este contexto, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, el Banco de México y la Secretaría de Economía tienen la oportunidad de consolidar la estabilidad macroeconómica, reafirmar los mecanismos de mercado y mejorar sensiblemente el perfil de riesgo del país. No será fácil, en vísperas de la elección para renovar la Cámara de Diputados y de elecciones para seis gobernadores en julio de 2009 que generan amplias presiones para arriesgar la inestabilidad y adoptar medidas ajenas al mercado para influir los precios. Las autoridades tienen ante sí la difícil tarea de distinguir entre cambios en precios relativos y un fenómeno inflacionario generalizado. El sector privado estará atento para reaccionar a ambos, pero es posible que presione para que se validen monetariamente los incrementos para posponer las difíciles decisiones de cortar costos. Quizá lo más importante sea recordar que, al final del día, las elecciones presidenciales se ganan con las medidas correctas desde Palacio Nacional, Cinco de Mayo y Alfonso Reyes. |