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México D.F., a 25 de junio de 2008 | 9:05 AM

Juan María Alponte
México y el mundo
25 de junio de 2008
Paz en Palestina, ¿sin el laicismo?


La interrogación es trágica, pero conforma nuestro tiempo: ¿es posible hacer la paz en Palestina sin la laicidad? Ante los primeros ensayos de negociación entre el Estado de Israel y Hamas para terminar con el horror de Gaza, nadie les negaría su valor. Pero, ¿son posibles?

Hamas, el movimiento de resistencia islámica que electoralmente es representativo en la Franja de Gaza, ha negado hasta ahora la existencia de Israel, mientras que la Autoridad Palestina, bajo el Fatah, negocia.

Yasser Arafat, líder de la OLP, en los 70 señalaba que lucharía hasta el fin contra la existencia del Estado de Israel. Después, en la negociación histórica que terminó en el césped de la Casa Blanca, durante la administración Clinton, con el encuentro entre Arafat y el primer ministro de Israel, Yitzhac Rabin, aceptaba una nueva época. En ese tiempo Arafat hacía un discurso que se acercaba a la laicidad: “Entre nosotros —decía— hay comunistas, grupos islámicos, una tendencia socialista, otra nacionalista, tenemos jacobinos y hay el Fatah. Todas las corrientes están representadas. Cada uno crece en la Intifada y el grupo Hamas tiene sus objetivos propios”. (Del libro Yasser Arafat. La question palestinienne, Entretiens avec Nadia Benjelloun-Olivier). En ese libro-entrevista Arafat decía: “Los palestinos son cristianos, musulmanes o judíos, pero no hay ‘partido’ islamista (traduzco a la letra); no hay nada más que individualidades”.

Nadia, doctora del Instituto de Estudios Políticos de París, lo interrogaba: “¿Qué piensa usted del movimiento islamista en general en el mundo de hoy?”. Arafat: “El movimiento islamista es la pareja natural del fanatismo, del integrismo israelí; es una reacción directa al fenómeno integrista en Israel. Ciertos fanáticos israelíes quieren destruir la mezquita Al-Aqsa que fue la primera qibla del islam, para instalar, en su lugar, una sinagoga. Ese género de cosas entraña reacciones islamistas fuertes”.

Qibla —aclaro— es la dirección, en las posternaciones de los musulmanes al hacer sus cinco oraciones diarias. Sin embargo, lo que dijo Arafat a Nadia era una verdad a medias y las verdades a medias son muy peligrosas. En efecto, en su origen, la qibla se hizo mirando a Jerusalén en memoria del Mi’raj o sueño del ascenso a los cielos de Mahoma desde Jerusalén, donde hoy, por esa memoria, se levantaron las dos mezquitas santas en la explanada del templo. La verdad es que la qibla inicial, con Mahoma en Medina, después de su hégira o emigración de La Meca a Medina, se hizo hacia Jerusalén, pero después de la ruptura de Mahoma con los judíos de Medina, la qibla se cambió en dirección a La Meca. Hago esa advertencia porque pareciera existir una convergencia directa entre la qibla y Jerusalén.

En ese texto de Arafat (publicado por la editorial Fayard en 1991) parece existir, sin embargo, cierta laicidad indispensable para negociar. Del lado de Hamas la interpretación era radicalmente distinta: “Palestina no es libre completamente y no porque la soberanía que ejerce la Autoridad Palestina sobre siete centros urbanos sea discontinua, sino porque ella no es un Estado islámico”. (Definición de Imad Saluji en el Journal of International Affairs, volumen 50, 1996)

Antes, en 1995, el primer ministro de Israel, Yitzhac Rabin, había sido asesinado por un judío que en sus declaraciones invocó el derecho al asesinato porque Rabin, al negociar con Arafat, “había traicionado a su país y merecía la muerte”. (The New York Times, 22-XI-1995, “Israeli police question”).

En tanto y cuanto que no se libere la palabra de la sacralización religiosa —la laicidad es un factor de racionalidad que permite el diálogo con el otro— toda negociación estará en crisis.

  Acerca del autor
email:juan.alponte@eluniversal.com.mx alponte@prodigy.net.mx

Profesor titular de la FCPyS de la UNAM, escritor y periodista. Ha colaborado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha escrito 37 libros, entre los que destacan Retrato de una Familia Babélica; las biografías de Colón y Lenin; Historias en la Tierra y Los Liberadores de la Conciencia.

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